domingo, 30 de enero de 2005


Al ladito mismo de la estación central de Amsterdam , descansan miles de bicicletas agolpadas a lo largo de varias plantas de un enorme garaje. Parecen dormidas, pero bien cierto es que en realidad se lo hacen . Yo sé que tienen vida propia , que muchas de ellas hacen lo que les viene en gana con sus propietarios, dirigiéndolos hacia puntos de la ciudad donde uno nunca hubiera deseado ir a parar o haciendo sonar sus timbres a modo de piropo cada vez que se cruzan con otras bicicletas apetecibles. Es fácil que a lo largo del día un yonqui te ofrezca una buena bici por apenas unos pavos ; “elige la que quieras que te reviento el candado en un plis plas”. Un holandés nunca sabrá con certeza de cuántas bicicletas dispone, puesto que si cree tener cuatro, cuando observe contrariado que en realidad son seis , inmediatamente pensará que son de un vecino o en su defecto de su mujer. Sin preocuparse lo más mínimo por ello, lo verá como algo normal.

El asunto , por otra parte, merece cierto detenimiento. No existe un censo oficial de bicicletas y aunque sería largo de explicar con detalle, es obvio que nunca podrá darse tal circunstancia. Algunas bicicletas consideran tener un mismo dueño (son polígamas con respecto al ser humano) dado que la ley vigente lo consiente (una muestra más de la conocida permisividad holandesa ). Miles de ellas duermen en la calle y otras tantas practican el intercambio de propietarios con no poca despreocupación ni miramientos . Las autoridades afirman que pronto el parque de vehículos de dos ruedas será mayor que el número de habitantes , si no lo es ya. Mientras tanto , ellas se siguen haciendo las dormidas en estacionamientos y plazas a la espera de que caiga la noche.

Son precisamente las plazas y los parques, los lugares favoritos para sus practicas más particulares . Si alguien decidiera apostarse cada noche en Vondelpark (incluso en Rembrandtplein) , dirigir su atención a las que se agrupan en pareja y además observara no sin cierta prudencia que nadie entra ni abandona el lugar durante todo momento, posiblemente despertaría al amanecer sin recordar el instante en el que se quedó dormido y podría apreciar la presencia al lado de cada pareja de bicicletas de un triciclo recién gestado o de un monociclo con carrito incorporado que emite su primer llanto. La única condición que se requiere es la proximidad de una bicicleta macho y una bicicleta hembra. Al fin y al cabo, ellas conservan cierto pudor que impedirá que nunca nadie presencie cómo hacen el amor ; el ritual del cortejo, seducción , apareamiento y cópula es un fenómeno conocido pero no presenciado por observador nocturno alguno. El resto del milagro se presupone.

Publicado por Puzzle a las 23:54
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3 desvaríos:

Juan dijo...

la mia ya debe estar fuera de juego...porque es viejita y siempre se la ve sola. Y de triciclos, ni hablar...
saludos

Anónimo dijo...

Qué bonita idea para un cuento , Jorge. Por qué dices que es un cuento pero que no lo es tanto?

Besos.

Puzzle dijo...

Porque parece un cuento, pero si haces la prueba, si la haces en verdad, verás que ocurre tal y como lo cuento, sucederá que no recordarás nada y que , lo creas o no, un diminuto triciclo ocupará el lugar que la noche anterior tomaba un paquete de tabaco vacío.

 
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