jueves, 27 de enero de 2005


¡Qué extraña manera de presentarse sin avisar ! Apareciste en casa en pijama, con la bolsa de tus herramientas para trabajar el cuero y el corazón todavía en un puño. Nos cuentas una historia de gánsters y traficantes, de sobresaltos y policías que te apuntan en mitad de la madrugada con seis armas reglamentarias , te interrogan en una comisaría holandesa donde pasas dos noches sin entender nada y sin muchas más explicaciones te meten en el primer 747 que sale para Barcelona. Consigues un billete de tren gracias a la tarjeta del Corte Inglés (una de las pocas cosas que puedes coger en medio de la confusión) y llegas para quedarte unos meses que no recuerdo si finalmente fueron años. Los ojos de mi niño aprendieron a mirarte como el héroe viajero que recorre medio mundo lleno de aventuras en la maleta , a observarte mientras muestras sin darte importancia todas esas fotos con estrellas del cine o en rincones mágicos a uno y otro lado del charco. Aprendí a liarte los primeros petas (nunca se me dio bien ) y a escuchar del resto de la gente todo lo que tú callabas. Y es que para ti no tenía importancia haber estado en tantos países o haber sido tantas personas diferentes en una sola, así que siempre mi niño te observó (en parte con admiración y en parte con misterio) con los interrogantes que te plantea la ingenuidad y la vida , siempre supe que te desenvolverías bien en todas y cada una de las cosas que emprendieras, tú, el tipo todo terreno, el busca vidas por excelencia, el viajero y el bohemio , el artista y el canalla, el que te enseña lecciones sin mediar palabra, el experimentador nato, el que vive y deja vivir. Si buscas algo que no hayas sido, resulta difícil encontrarlo; nadador de elite , chef de alta cocina, artesano , melómano indiscutible y amigo de todos, siempre en tu sitio y con el mejor de los portes cuando apareces en papel sepia junto a Welles o la Taylor. Queda quizás para otro momento hablar de Errol Flynn y de Rosarito, de tus noches en el Mouline Rouge y de tus idas y venidas, de tu manera de desaparecer y la destreza de tus manos con el cuero. Mi primera tarde de teatro y de zarzuela , la primera vez que vi “El golpe” (una de mis favoritas) o una playa nudista.

Luego llegaron otras cosas, me enseñaste a jugar al ajedrez y lo que supuso durante una etapa de mi vida muy importante (y todo porque me gustaban los dulces), los viajes a Las Palmas, mi época de universidad, las escapadas de fin de semana a Maspalomas o a Puerto de Mogán y verte en el taller escuchando ópera hasta las mil. Ahora hace años que no te veo, que lo poco que sé de ti es por la familia y que , inevitablemente el tiempo está haciendo de las suyas, aunque quiero creer que estarás bien (desgastado , pero bien), con tu ración diaria de petas y madrugando para comprar la fruta y la verdura más frescas. Siempre has dicho que el día menos pensado te tiras por un risco (como aquella vieja isa) y dejas una notita que diga: “Aquí yace el último guanche” , muy propio de ti, pero para entonces espero volver a coincidir en las islas , liarnos juntos un par de porros y quedarnos el uno frente al otro, aunque apenas tengamos cosas que decirnos.

Publicado por Puzzle a las 1:35
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3 desvaríos:

Anónimo dijo...

hola mi niño, me ha gustado muchisimo lo que has escrito de miguel, veo que tiens buenos recuerdos y eso siempre queda en el alma, no te olvides núnca de tus origenes y sigue asi, te quiere mama

Anónimo dijo...

Ey, ese Miguel se merece él solito una novela, ojalá un día te decidas a contarla. Me ofrezco como mecanógrafa. Violeta.

Puzzle dijo...

Estoy intentando aprender (lo que no resulta nada fácil) quedarme con lo mejor de cada persona. Siempre las personas que queremos a veces nos defraudan, de la misma forma que seguramente yo habré defraudado otras tantas, pero creo que resulta un buen ejercicio buscar en la vida de cada una de esas personas y mirarlas aunque sea de vez en cuando por el lado que mejor les queda.

 
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