viernes, 1 de abril de 2005


Siento reincidir, pero hay cosas que no deberían pasar nunca. Finalmente ocurren y si uno está allí para verlas, no tiene más remedio que quedarse y aguantar el tipo en un rincón del ring escupiendo todos los dientes. La vida es injusta con quien se hace mayor y se desgasta (posiblemente esto sea una especie de verdad universal a la que todos estamos sometidos) y nos llegará el día en el que se nos apagará la luz, se nos ablandará la carne y necesitaremos ayuda hasta para respirar y no pensar en lo que una vez fuimos y ya no. En papeles secundarios (que no estelares) aparecen esos personajillos siniestros a los que ahora les estorban sus mayores, esa clase de gente que dejan tirado a su perro en una estación de servicio de la A-2 y olvidan con facilidad ; ahora me sirves, ahora no. Mientras me hacías reír, mientras hacías la compra o cuidabas a tus nietos cuando salíamos los fines de semana, mientras me diste la vida o te quitaste de fumar para pagar el aparato de los dientes o aquel campamento en vete tú a saber dónde, mientras brillabas con luz propia entonces me servías. Ahora , sin embargo, me estorbas y me das trabajo. Eres una carga y otra serie de lindezas. Quien piense (además) que ellos no se dan cuenta, que no se tragan tu estúpida rabia y la suya propia, que no se sienten un mueble o que no están cabreados con la vida por ser así de jodida, entonces es tonto, tonto de solemnidad.

Hagamos una fotografía de nuestra vida ahora que aún podemos sonreír con motivos (he visto tantas sonrisas desganadas y de plastilina que podría distinguirlas sin pestañear) , mantener una poderosa erección o una conversación interesante, ahora que aún somos capaces de seducir y de gustarle a alguien, de recorrer los parques con Melisita (que por otra parte nunca será abandonada en la A-2) o salir de farra toda la noche , ahora que puedes dejarte llevar, entrar, subir, bajar, saltar en paracaídas o simplemente mear sin una bolsa que te sale del costado, ahora que puedes llevar un escote de los que quitan el hipo porque aún no se te han caído (pero ojo bonita, que se te caerán) , ropa interior diminuta o una falda azul con volantes, ahora que podemos todavía volar en globo y comer helado porque no nos sienta mal, que podemos en definitiva vivir sin pedir permiso, tomemos todas esas imágenes y hagamos un collage para colgar en un corcho junto a las de los seres queridos, no sea que un día nos toque ver el mundo con muletas, tirados y rendidos en el suelo , puede que lanzados a una acera desde una silla de ruedas último modelo.

Mis viejos serán lo que sean, tienen sus cosas y sus ratos inaguantables (como todos, como yo que soy el campeón de la impertinencias) , pero nos dieron lo que pudieron y lo que tuvieron desde que tengo uso de razón y corazón. Todavía lo siguen haciendo y a mi eso me conmueve, como me conmueve ver a la Mujer más guapa del Mundo desplomada en el suelo y (aún desde esa perspectiva) preocupándose por los demás o por sus medias de nylon caídas, como disculpándose por estar así, por ser así. Y mientras tanto, personajillos siniestros gritando y pensando sólo en ellos mismos, olvidando lo que tuvieron y lo que se les dio sin esperar nada a cambio. Y entonces miro a Pilar, la cara que se le queda y creo que de ser así la cosa yo también me querría morir o en su defecto que me dejaran aparcado en la Repsol más cercana de la autovía de Huesca.

Publicado por Puzzle a las 21:41
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4 desvaríos:

Omar Muharib dijo...

Haces bien en reincidir, tu visión será un día, algo parecido a una tragedia; es bueno que nos vayamos haciendo a la idea.

Nina dijo...

Amigo un abrazote y no te pierdas.!

Alicia dijo...

Triste pero realmente precioso. Cada día expresas más cosas.

Rosa Silverio dijo...

Entiendo tu sentimiento.
La mujer más guapa del mundo lo seguirá siendo aunque esté tirada en el suelo como una canción o un poema.

Me agrada mucho saber que tú piensas de esa manera y que hay en tu interior esa sensibilidad que te permite ver lo que los demás no pueden pues están demasiado entretenidos con el ruido de sus gritos y su egoísmo.

Ro

 
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