domingo, 20 de febrero de 2005


Odio tu contestador automático y también tu sueño profundo, sobre todo los odio en noches como esta en las que necesito oírte, en las que pienso que ojalá pudiera hacerte despertar y secuestrar unos minutos de tu ternura. Ya son tres noches seguidas peleándome con tu voz enlatada, con llamadas perdidas, porque eso es lo que son: llamadas perdidas sin nadie que las atienda, sin un extremo al otro lado, como mensajes en una botella que no llegan a destino. Es entonces que me gustaría que no existieran los teléfonos móviles, como cuando éramos canijos y nuestra única forma de comunicarnos era con unos vasitos de plástico amarrados por un hilo. Un hilo de 1.000 kilómetros que cuelga de un lado de tu cama por el que poder gritar tu nombre y tú (revuelta) lo sientas como una voz lejana en mitad del sueño que se va acercando a tu mundo consciente , rescatándote de donde sea que estés.

Nada que ver. Aquí ando por plazas desiertas en noche estrellada, dándome cuenta de que uno recurre a las estrellas cuando no tiene al lado a la persona que quiere tener . Uno que mira al cielo, piensa, extraña, se revuelve por dentro y formula un deseo , creyendo entonces que una de esas estrellas brilla más que las otras , les ponemos forma, nombre y destino y cerramos los ojos, porque al hacerlo, no sé muy bien de qué manera, aparece una pizquita de brisa que nos acaricia la cara y cuando eso ocurre, quieres pensar que es la otra persona que ha notado tu deseo y ha soplado al cielo para devolverte el saludo. Mientras tanto vuelvo a la pelea y dejo mensajes inconexos , me da tiempo a sentirme ridículo, terco y pequeño, me pregunto la cara que pondrás cuando te levantes y veas mis cien llamadas perdidas, mis mensajes en la botella, mis eseoeses nocturnos . A lo mejor entonces , eres tú quien oye mi voz enlatada, vacilante y torpe , escuchas que me encontraba raro entre la multitud, que me faltaba algo, que me podían las ganas de ti y no te queda otra cosa que odiar también a tu contestador automático.

Así que de repente me veo sentado en el banco de la plaza desierta que a ratos deja de serlo porque algún borracho pasea a un perro, o un taxi entrega en su casa a una adolescente vestida de mujercita que se quita los tacones para no delatarse de madrugada. Pienso que no tengo sueño , que ni siquiera en eso voy a poder coincidir contigo esta noche , porque mientras duermes, lo más cercano que tengo de ti es la dichosa voz enlatada y tu dulzura de hace tres noches. Cómo odio también a tu almohada, a tus sábanas y todo lo que te acaricia en estos momentos. Más que nunca deseo arrebatarles la presa y devorarla viva. Te intuyo dormida, soñando en vete tú a saber qué , cambiando de postura y sin sospechar que al mismo tiempo me estoy muriendo de ganas de ser tu almohada, tus sábanas, tu guardián nocturno que se queda a tu espalda acariciándote el pelo mientras sigues dormitando y yo , pensando en el caprichoso milagro que nos ha puesto en la misma trayectoria, en la misma cama y en la misma noche. Entonces quizás, mi único consuelo es saber que algún día seré todas esas cosas y tendré salvoconducto para ocupar el mejor lugar de tu habitación. Es posible que después de todo, esta noche lea un libro, esboce la idea de una canción o invente un truco de magia, quizás no pueda dormir o tal vez me quede esperando a que amanezca, quizás mate las horas creando cuentas de correo electrónico sin sentido o te escriba un cuento que hable de lo que odio tu contestador y tu sueño profundo. Seguiré imaginando, tal vez emocionado sólo por el hecho de que estás en mi vida y la llenas, la vuelves distinta y mejor , sin olvidar que tú seguirás desconocedora de lo que pasa en mi noche de insomnio y estrellas, seguiré tecleando y mañana, cuando despiertes , cuando te despereces y saludes al nuevo día, cuando el sábado te de la bienvenida verás el rastro de mi noche en vela, mi intento de secuestrar tus horas de sueño, mis llamadas perdidas, mi odio a la tecnología punta que no sirve para nada cuando más la necesitas, mi voz en diferido, mis ganas acumuladas, mis miedos y mis desvelos. Puede que quizá sonrías o te conmuevas, que alguna arista de tu geografía-niña se sienta especial, arropada , querida o un poquito todo. Puede que tal vez me llames y me despiertes , me des los buenos días con tu ternura más madrugadora para que entonces (y sólo entonces) , este cuento tenga su final y sus perdices.

Publicado por Puzzle a las 12:24
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2 desvaríos:

Charito Piedra dijo...

Un escrito muy bueno... me encanta tu estilo...describes perfectamente el estado ansioso del amante que necesita de su amado... Teresa de Gotitas ya me recomendó esta blog.. pero no sé si por vergüenza o pereza no te comenté nunca... ahora no tengo excusa...saludos…

Anónimo dijo...

me encanta... es como si escribieras sobre mi vida...besos

 
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