jueves, 19 de mayo de 2005


Ambos estaban solos en aquella ciudad medio mutilada por saqueos y estados de excepción mal organizados. Él no tenía familia ni mascotas que reclamar en caso de que dieran con supervivientes (algo que resultaba poco probable) y ella disponía tan apenas de un pequeño apartamento que recibió en herencia cuando alcanzó la mayoría de edad. Un mes antes, cuando la gran superpotencia anunció que todo terminaría en cuatro semanas (un error de cálculo por parte de la comunidad científica), él decidió insertar aquel absurdo anuncio por palabras: “ Se busca estrellita errante para momento final, abstenerse cometas propensos a la euforia y satélites nostálgicos”. Recibió mares de respuestas pero sólo se interesó por la de Estela, quizás porque pensó que el nombre había sido inventado para la ocasión, lo que le resultó un detalle sin duda encantador. Hablaron acerca de cómo sería todo y finalmente decidieron verse en el apartamento, con un álbum de fotos de la infancia, una Polaroid para tomar algunas instantáneas (los dos estaban de acuerdo en que les encantaba esa palabra: instantánea) y algo de queso y vino. Verían una peli de risa y se intercambiarían un par de recuerdos que guardarían en sus respectivas carteritas, no fuera que alguien o algo algún día encontrara los cuerpos carbonizados y fundidos en el más feroz de los abrazos.

Publicado por Puzzle a las 15:33
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2 desvaríos:

Charito Piedra dijo...

me has dejado un poquito descompuesta, que pena de principio y final, aunque es bonito encontrar a alguien para morir.

Magda de los devastados dijo...

La comunidad científica nunca ha investigado el tema de los abrazos, probablemente sean un efectivo método de cambiar muchas cosas...te dejo un abrazo instantáneo...le echas un poco de agua hervida y lo revuelves, luego te lo bebes y quedas nuevamente insomne, entonces te escribo alguna otra palabrita.

 
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