viernes, 6 de mayo de 2005


Lo que tienen las ciudades (todas sin distinción) , sean del tamaño que sean, es que terminan resultando siempre diminutas. Igual da, porque tarde o temprano uno termina encontrándose con aquella novia que tanto quiso (y que no hacía falta ir a visitar en tren, en avión o en autobús de línea) de la que no volvió a saber nada hasta justo ese momento en el que ella cruza la acera de la mano de un chico o empujando el carrito de un niño que tiene sus mismos ojos. Desde luego que hay dos tipos de "ex" , las que viven en tu misma ciudad y las que no. Las primeras son más peligrosas, porque los encuentros fortuitos son poco o nada previsibles, las segundas quedan más lejos en el recuerdo y en la distancia y molestan menos. Yo soy de los que se sonríen por dentro cuando eso ocurre, suele sucederme en el coche y creo ver en el semáforo de la esquina un rostro conocido que marcha de copiloto en una vespa naranja o que espera acompañada un taxi mientras el tipo la besa sin tregua. Digo que me sonrío por dentro, porque en realidad sabemos que siempre llega el día en el que esas cosas dejan de hacernos daño y podemos alegrarnos o sentir indiferencia , porque la vida no nos trató nada mal y porque uno siempre se lleva algo de cada persona y de cada relación.

Una vez tuve una novia que quise mucho y que vivía en mi misma calle, me costó horrores olvidarla (como novia, porque después fuimos –y somos- buenos amigos ) , cada vez que pasaba por delante de su casa me juraba que al día siguiente rodearía la manzana con tal de no ir perdiendo trocitos de corazón por los portales, que luego olisqueaban los perros o pisaban los vecinos. Su dormitorio daba a la calle , a nuestra calle, y por las noches veía su silueta recortada contra la ventana. Al final las siluetas en eso se quedan , uno crece y aprende a desquerer o a querer de otra manera y de verdad se alegra por la silueta o por todas ellas, de tal modo que lo mejor que puede pasar cuando las ciudades , por grandes o pequeñas que sean, nos brindan esos encuentros , es que guardemos en los bolsillos una enorme bolsa de sonrisas congeladas para calentar en el microondas y soltarlas por la ventanilla, plop plop, a que se aireen un poco.

Publicado por Puzzle a las 13:38
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3 desvaríos:

Magda de los devastados dijo...

Sonrisas o palomitas de maíz, que se multipliquen sin cesar, las prefiero dulces o con sabor a mantequilla...además se pueden comer mientras se observa la ciudad como una película antigua y romántica.

frank dijo...

recuerdo y sonrisa son amigos
difícil verlos separados
sólo para ir al baño

la ciudad como enorme olla
donde cocinamos nuestros encuentros
y nuestros desencuentros
cada voz y cada beso
queda quizás como vibración de asfalto
estampado en ladrillos

Rosa Silverio dijo...

Una vez pensé que cuando se quería a una persona era para toda la vida y que era difícil que esa querencia menguara, pero luego descubrí (con sorpresa y hasta agrado) que el ser humano tiene la peculiar capacidad de amar y luego ser indiferente ante el objeto de su amor.

Ro

 
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