lunes, 27 de junio de 2005


Algunas cosas cambiaron, otras no. Las que cambiaron parecen una hojilla de papel de lija que desgasta y araña como la mirada de B desafiando, manteniendo floretes en alto, un reto, no merece la pena esforzarse si no queda nada por lo que esforzarse. Mensaje recibido. La casa, las paredes de la casa, permanecen pero más desconchadas, más desnudas si acaso, pero quedan altas como todo, abrigando, rodeando el patio, los cuadros que también permanecen y M igual que siempre, descumpliendo años, preparando el papel de fumar, aprendiendo de nuevo a escuchar a Verdi, defendiendo su vida con coherencia y lo que le dejaron de la jubilación. C casada con P, felices, nerviosos, y casi no los vi, olvidando la tarjeta de felicitación en la habitación del hotel y algún encuentro fugaz en la recepción, un abrazo, una sonrisa, pero apenas te pude hablar, si acaso unas fotos y un espero verte pronto, y yo que también lo espero, con tu nueva vida, vuestra nueva vida y ahora miro atrás y veo a C llorando, preguntando si algún día, y ese día que llegó y que ya fue, con los anillos que lleva A, que cada vez que le veo está más grande y que se emociona con los aplausos pero que parece un hombrecito y que será lo que quiera ser. Las calles permanecen, el paseo, el cielo cerrado, la brisa nocturna, J y L como siempre, locos y alegres, entusiasmados, haciendo de un momento cualquiera un instante perfecto, y luego D sin la bicicleta y sin el pelo corto, con su coche nuevo y media melena pero la misma sonrisa de buena gente, recordando cosas que había olvidado, aquellas conversaciones en el portal o en el cuarto, el día que llegó tarde por mi culpa, de nuevo Vegueta de noche y el restaurante con música africana y camarera argentina, de Mendoza según nos dice, pero no recuerdo y todo lo que permanece me sostiene un poco más en pie. Y queda en Santa Catalina B, sin volver la mirada, sin saber en realidad si la vuelve , porque tampoco miro, cuídate, recuerdos a la familia, lo mismo, y ella con media sonrisa, como disfrutando, como manteniendo el tipo y nada importa y no merece la pena si hay que buscar donde nada queda, y el avión que despega, mientras en Madrid cae una tormenta, o dos tormentas, y luego el retraso, y llegar tarde , y amanecer en Pamplona para llegar a Zaragoza en doce horas , y la mujer más guapa del mundo que se apaga, como una luz que después de temblar un poco deja de brillar para siempre , como todas las luces que se apagan , en todas las ciudades de noche, de toda una vida.

Publicado por Puzzle a las 23:07
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1 desvaríos:

Alice dijo...

Todo pasa por guardar lo que permanece, por desechar lo que cambió, o al menos cambió para mal, cuidar de M, C, P, A , J, L y D, e intentar no tener en cuenta a B.

Un abrazo.

 
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