A ti te he dejado en la estación un par de horas antes, temprano, muy temprano, siempre dices que prefieres coger un taxi, que mejor me quedo en la cama, sé que lo dices con la boca pequeña, pero me sabe mal a esas horas, tan de noche aún, me cuesta un mundo imaginarte arrastrando la Samsonite de fin de semana y aquel bolso donde metes media vida y algún libro recién sacado de la biblioteca para tus congresos o para el camino. Love, yo te acerco a la estación, no me importa madrugar, todo estará bien en cuanto subas al tren y me haga idea de que el Lunes queda a la vuelta de la esquina. Entonces recorro el camino inverso, también sin Iñaki, pero sobre todo sin tu silencio adormecido , sin tu mano en la palanca de cambios acompañando mis movimientos, sin nuestras canciones, en dirección a casa, tocando un ritmo suave con los dedos, buscando regresar al cuarto, todavía es pronto y aún podré remolonear un rato, al lado del cráter , de las fotos y de los rastros de ti.
martes, 27 de septiembre de 2005
A ti te he dejado en la estación un par de horas antes, temprano, muy temprano, siempre dices que prefieres coger un taxi, que mejor me quedo en la cama, sé que lo dices con la boca pequeña, pero me sabe mal a esas horas, tan de noche aún, me cuesta un mundo imaginarte arrastrando la Samsonite de fin de semana y aquel bolso donde metes media vida y algún libro recién sacado de la biblioteca para tus congresos o para el camino. Love, yo te acerco a la estación, no me importa madrugar, todo estará bien en cuanto subas al tren y me haga idea de que el Lunes queda a la vuelta de la esquina. Entonces recorro el camino inverso, también sin Iñaki, pero sobre todo sin tu silencio adormecido , sin tu mano en la palanca de cambios acompañando mis movimientos, sin nuestras canciones, en dirección a casa, tocando un ritmo suave con los dedos, buscando regresar al cuarto, todavía es pronto y aún podré remolonear un rato, al lado del cráter , de las fotos y de los rastros de ti.
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jueves, 22 de septiembre de 2005
(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)
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domingo, 18 de septiembre de 2005
Aunque no termino de comprender el porqué de algunas de sus camisetas, debo reconocer que me cae bien, que lo ha llenado todo de música y ternura. Ella canta feliz desde que lo conoce, cada día es un día más con él, una aventura nueva.
Ya saben jugar juntos, y no el uno contra el otro, me gusta mirarlos cuando se ríen e inventan uno de sus delirantes cuentos, me gustan las braguitas diminutas que ella se pone para él, son muy fáciles de romper, por eso espero que vuelva pronto, subiendo las escaleras de dos en dos, pero sin caerse, que se queje del mal olor que de repente flota en el ambiente y me bese en la nariz, que traiga vino y nos vayamos todos juntos al dormitorio, como una extraña familia feliz.
(Patricia E. Erlés)
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Relatos de otros
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miércoles, 14 de septiembre de 2005
No tardé en descubrir que no hay nada más estimulante para una mujer que un hombre acariciado en su vanidad. Los hombres creativos (todo bosquejo de artista, en general) lo son, y un hombre vanidoso y enamorado resultar serlo en mayor medida, puesto que necesita defender –mantener diría yo- su condición de admirado. Ese es su punto débil , el talón de Aquiles del que me sirvo para pasar a la posteridad a través de sus obras, de sus creaciones. Cuántos músicos no habrán escrito melodías de amor (o desamor) inspiradas en mis abandonos o mis hostilidades, cuántos pintores no habrán querido (deseado) plasmar mi desnudez o la textura de mi piel infantil, cuántos escritores no habrán telefoneado borrachos en mitad de la noche, pretendiendo impresionarme con unos pobres versos inacabados que hablan de mi sexo inalcanzable o de mi feminidad abrupta y poco habitada, cuántos aspirantes a director de cine no habrán escrito un guión para mí con escenas imposibles y poco apropiadas, cuántos , cuántos de ellos –entregados y sumisos- no habrán tenido en mí a su musa que los guía ante la penumbra de una hoja en blanco, ante un lienzo o un pentagrama vacío. Cuántos no me han entregado su ternura y de cuántos no la habré recibido conmovida como si fuera la primera vez. Para cuántos no habré sido la única razón, el único motivo.
He ido dejando mi rastro, mi pequeña aportación a esta vida tonta e insignificante, estimulando egos caprichosos, capaces de buscar (o lo que es más ridículo aún: de encontrar un asomo de virtud donde apenas existe nada) la belleza escondida de algo potencialmente hermoso, todo por alimentar o satisfacer algún corazón hambriento y necesitado (el suyo propio o el mío), estableciendo un pacto de conveniencia con fecha de caducidad, que llega a su fin en el momento en el que la fruta se pudre y pierdo el interés (ni yo misma me entiendo) o hasta que un nuevo hombre me sorprende y de nuevo se deja iluminar por mi capacidad de suscitar en los demás lo que otras mujeres (aquellas niñas insulsas) no fueron, ni serán, capaces de provocar. Una gran explosión que desbarata todo y lo vuelve a reordenar, como un caudal de esperma que desemboca en algo caliente y hermoso, algo que siempre permanece y deja estela.
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sábado, 3 de septiembre de 2005
Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
es dar la vuelta al mundo
Atravesar sin brújula la rosa de los vientos
islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
no es tarea fácil -si placentera-
No creas hacerlo en un día o noche
de sábanas explayadas.
Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas
II
El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado.
Encuentras un astro y quizá deberás empezar
a corregir el rumbo cuando nube huracán
o aullido profundo
te pongan estremecimientos.
Cuenco de la mano que no sospechaste
III
Repasa muchas veces una extensión
Encuentra el lago de los nenúfares
Acaricia con tu ancla el centro del lirio
Sumérgete ahógate distiéndete
No te niegues el olor la sal el azúcar
Los vientos profundos
cúmulos nimbus de los pulmones
niebla en el cerebro
temblor de las piernas
maremoto adormecido de los besos
IV
Instálate en el humus sin miedo
al desgaste sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído
revuélvele la espesa cabellera
con la espada de fuego usurpada
Muerde la manzana
V
Huele
Duele
Intercambia miradas saliva impregnante
Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
Pie hallazgo al final de la pierna
Persíguelo busca secreto del paso forma del talón
Arco del andar bahías formando arqueado caminar
Gústalos
VI
Escucha caracola del oído
como gime la humedad
Lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
Poos que se alzan formando diminutas montañas
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
Suave puente nuca desciende al mar pecho
Marea del corazón susúrrale
Encuentra la gruta del agua
VII
Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
Navega loco en la juntura de los océanos
Cruza las algas ármate de corales ulula gime
Emerge con la rama de olivo
Llora socavando ternuras ocultas
Desnuda miradas de asombro
Despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
Arquea las cejas abre ventanas de la nariz
VIII
Aspira suspira
Muérete un poco
Dulce lentamente muérete
Agoniza contra la pupila extiende el goce
Dobla el mástil hincha las velas
Navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
-el mar como un vasto cristal azogado-
Duérmete náufrago.
(Gioconda Belli)
Ilustración: © Silvia Rodriguez.
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20:05
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lunes, 29 de agosto de 2005
Carmela también sabe que un Déjá Vu es una trampa. Ahora tiene la certeza de que el viaje de vuelta será lo mejor de los últimos días, porque piensa que todo cambia y que nada es lo que parece. La vieja y conocida sensación de pérdida o de decepción. En realidad Carmela no se llama Carmela, es un invento cariñoso que Jean Francoise le puso en honor a Carmen Maura, porque está convencido de que sus reacciones o sus gestos son los de la actriz muchas veces, porque de tarde en tarde ella se pone intensa o sobreactúa y desde ese escenario miran pasar la vida en plano secuencia, que a veces es un drama y a veces una comedia española.
Jean Francoise sabe que echará de menos a Carmela todo el tiempo, lo sabe porque nunca dejó de extrañarla, porque aunque no ha sido el momento ni el tiempo, a pesar de los mil asuntos en ciernes que los separan o que no permiten que se conozcan tal y como son, también sabe que a lo mejor se alejan y todo queda en aquellos días de paseos y abrazos, de mensajes enardecidos, en algo que podía haber sido y no fue más allá, todo porque no se llegaron a ver sin toda aquella suciedad que los apartó y en eso consiste la trampa, en la manera estúpida de apartarse de lo real por culpa de lo que no lo es tanto, dejándose olvidadas en una lata de galletas la ternura y la risa que tantas veces tuvieron a bien cultivar y que ojalá sepan o quieran recuperar.
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12:42
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lunes, 22 de agosto de 2005
Los dos (A y B) maniobraban a escondidas aunque sospechando las acciones del otro. Se intuían y se acertaban. Así, mintiéndose y ocultándose, y dado el conocimiento profundo que A tenía de B y viceversa, sin grandes esfuerzos o artificios, conseguían ser honestos, honestos y sinceros, manteniendo su promesa de forma poco ortodoxa, pero al fin y al cabo, manteniéndola.
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18:26
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jueves, 18 de agosto de 2005
A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.
Amor II
Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor.
Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.
(Raúl Brasca)
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domingo, 14 de agosto de 2005
Pero así, de esas maneras, tan contentos y radiantes, con sus maletitas de mago, con sus vestidos de gala y esas sonrisas de fin de semana. A los Alpes franceses, ahí se fueron, todo contentos, solo hago acto de aparición en comuniones y fiestas de cumpleaños, eventos de poco aforo para entretener a los niños y algunos mayores, entonces todos me ríen las gracias, lindo me dicen, relindo, pero claro, a Francia, eso queda lejos y no me llevan, y todo porque vienen unos señores magos de lejos, de muy lejos.
Quizá a mitad de camino se acuerdan o cambian de idea, quizás se ponen tristes o preocupados, y se dan media vuelta a la altura de Gerona, pero claro, esto es muy raro, porque la chistera no la olvidaron, se la llevaron con ellos, con el baúl de aparición y los grandes aparatos, conozco ese juego, luego aparecen las bailarinas del cielo y todos aplauden, ¿tú crees que se fueron?, cómo puede ser, no me harían eso, no de esa forma, si a mí me gusta Francia y en los Alpes hay muchos tréboles.
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viernes, 12 de agosto de 2005
Se acerca tormenta y uno nunca sabe lo que le depara el cielo. Eso también me lo enseña Miguel. Se puede mirar al cielo e intentar descifrar lo que nos está diciendo, pero el cielo siempre se guarda algo de información, siempre algo tiene que no nos dice. Y luego las nubes, y los nombres de las nubes, como nombres de mujeres misteriosas, sus formas , mirar su vientre lleno de agua , cómo cambia, cómo se hincha y Miguel, dibujando en el aire corrientes térmicas, explicando cómo se comportan las nubes, y que las nubes no se entienden, no del todo, como las mujeres - dice- pero yo creo que algunas (mujeres) sí se entienden, y le digo lo que creo, y entonces Miguel que dice bueno, pero las nubes no, las nubes no se entienden.
Las nubes no se entienden y el cielo se está cerrando, tenemos que volver al campo de vuelo, tomo los mandos y el avión se pone insolente, Miguel se ríe, me cuenta acerca del timón, del alabeo, de cómo cabecear en vuelo y luego enseguida me anima, dice que estoy volando bien, pero yo sé que no, que Miguel siempre te anima y le saca el lado bueno a todo, hay turbulencias, que es como lanzarse en tobogán hacia arriba y una corriente térmica (de panza de nube repleta de agua) nos saca de rumbo. El cielo se cierra, a la altura de Tardienta unas nimbus amenazan descargar antes de tiempo, imposible decir cuánto, imposible cuándo. Tenemos que volver, buscamos rumbo a casa, fijamos un punto de referencia antes de que el cielo se termine de cerrar y una enorme nube-mujer con el vientre repleto de agua nos devore y nos parta en dos. Yo sé que ahora , en el campo, andan mirando al cielo y que en algún sitio está descargando un mar de lluvia , en alguna parte, no muy lejos de aquí.
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