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domingo, 18 de septiembre de 2005


Casi puedo afirmar que no está. Después de varios días de minuciosa investigación, la ausencia de Nicolás es un hecho. Me he pasado muchas horas de las últimas 48 olisqueando el aire en busca de su rastro. Él no sabe que su piel huele como la leche tibia de mi madre, por eso lo lamo a todas horas con una fruición que le hace reír y que le encanta, por más que a veces finja estar harto de mí. Nicolás no ocupa ya la mitad de la cama, aunque ella siga durmiendo en el mismo lado, como respetando su ausencia. Ya no suena por las mañanas la horripilante melodía de su móvil despertador, ni se levanta despeinado y sale pitando al trabajo, deseando volver cuanto antes a esas cálidas sábanas y a ese cuerpo de mujer que tan bien conoce.

Aunque no termino de comprender el porqué de algunas de sus camisetas, debo reconocer que me cae bien, que lo ha llenado todo de música y ternura. Ella canta feliz desde que lo conoce, cada día es un día más con él, una aventura nueva.

Ya saben jugar juntos, y no el uno contra el otro, me gusta mirarlos cuando se ríen e inventan uno de sus delirantes cuentos, me gustan las braguitas diminutas que ella se pone para él, son muy fáciles de romper, por eso espero que vuelva pronto, subiendo las escaleras de dos en dos, pero sin caerse, que se queje del mal olor que de repente flota en el ambiente y me bese en la nariz, que traiga vino y nos vayamos todos juntos al dormitorio, como una extraña familia feliz.

(Patricia E. Erlés)

Publicado por Puzzle a las 19:37
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domingo, 12 de diciembre de 2004


Cuando te sientas poco importante, apenas del tamaño de una lenteja, corre a la estantería y abrázate a un libro. Procura tener siempre un puñado de gente selecta a la que acudir en estos casos. Permite que Cortázar te lea uno de sus cuentos con acento francés. Que Nabokov te envuelva con su cazamariposas, déjate seducir por las maldades de Silvina. No renuncies a la Barcelona y a los charnegos entrañables del gran Marsé. Que la depre no te impida paladear el cáliz incomparable de Vallejo. Que la albada te encuentre compartiendo farra con Gil de Biedma. No apartes los ojos del helado de Gioconda y de sus labios golosos. Sálvate y perdona todos tus pecados, lee en voz alta si escuchas en las sienes el rumor amenazador de las lágrimas. Invócalos a todos y no pases pena, irán llenando tu sala de estar, te birlarán el mejor de los sillones, se beberán tu coñac. Monta una gran fiesta de gente que vivirá para siempre, que ame el lenguaje y sus juegos como debe hacerse, que se permita ser radical y hablar con pasión de los buenos libros. Si tienes un momento, en medio de tal orgía, asómate al balcón y mira hacia mi azotea. Acuérdate de mí y rézame un poema, llénalo de enanos enamorados y de cajas de bombones que no se acaben nunca. Dibújame mi cuerpo con palabras para que yo pueda saber qué veías en mí cuando mirabas desde tus pestañas sorprendidas. Promete una segunda entrega de nuestra historia, yo buscaré incansable en las librerías de viejo hasta encontrarla. Cierra luego la ventana, con el infinito cuidado del lector conmovido que ha visto caer fulminada a Ana Ozores en el tablero de ajedrez de un mundo que no la comprendía. Y vuélvete con tus invitados, que la noche promete.

(Patricia E. Erlés)

Publicado por Puzzle a las 23:35
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