viernes, 16 de diciembre de 2005


Estimado Sr. Alterio:

Permítame que le diga que no tiene ni idea, ni puta idea. Porque ande, dígame ahora cómo hago para sobrevivir a ella, al enorme cráter que se levanta entre mis costillas y el ventrículo izquierdo, cómo hago para enfrentarme al lugar exacto que habitaba su vestido amarillo en el centro de la cama, a mis días que vienen, a la historia de ellos. Dígame, y ya perdonará las maneras, pero usted parece un buen tipo, esa clase de personas que saben lo que se dicen, y claro, cómo no iba a creerle cuando me dijo que todo marcharía bien, que sería un buen año. Debería haber saltado del vagón en marcha. Ahora lo sé, debería haber saltado. O eso o quedarme en Holanda en aquella fiesta mejicana, muerto de la risa pero muerto, o mejor, en Los Alpes con un trajecito tirolés persiguiendo cuesta abajo a Miss Invierno . Ahora resulta que odio a Sabina, a Krahe a Serrat, Internet (el mismo Internet que me trajo sus primeros mensajes que hablaban de guantes y sus cartas en sobres rojos) , odio el Mercado Central y las ranas, el cine francés y los martes palíndromos, odio las lecciones de matemáticas y la lógica, el máximo común denominador y el mínimo común múltiplo, es decir, todo lo que ella ha descubierto tener en común con él en cuatro días y todo lo que se vino abajo una tarde de domingo. Puede que algún día también llegue a odiar los domingos. No, puede no, ya los odio. Odio toda mi vanidad, ahí la tengo encañonándome la nuca , es un revolver frío cargado de seis certezas en la recámara, que me hacen pensar que él es más listo, más intenso, más divertido y más flaco , por supuesto (eso salta a la vista) que escribe mejor y que le quedan mejor las camisetas y el cigarrillo colgando de su mueca de Lucky Luke, aunque lo peor de todo es que él sonríe mejor, y si me apura, Sr. Alterio, hasta llora mejor y ante eso, usted lo sabe bien, no hay nada que hacer.

Dígame cómo hago, cómo hago para dormir más de dos horas, o simplemente para dormir, para no vomitar todas las palabras que nos dijimos. Hubiera sido de agradecer un final triste y hermoso pero, por Dios, no esto, esto no. Que alguien me diga cómo hago para no volverme loco, para no pensar en cuando ellos juegan al ratón y al gato por la ciudad o en la cama, en su manera de sentarse en el suelo junto a ella, entregándole el espejo en el que ahora se miran juntos, en el mismo instante en el que su niña asustada echó a correr porque supo que algo grande pasaba, algo como escuchar de lejos el sonido de un maremoto que se aproxima y luego arrasa con todo, en si ella será la mujer de las orejas perfectas, que lo es, la chica de la minifalda estampada, que también lo es, en ella temblando y siendo rescatada cada tarde. En el último martes y trece, martes martes. En su olor a mandarina. En lo bien que sale en las fotos que yo nunca tuve, que nunca me dejó hacer. En lo guapa que se siente ante sus ojos. En su vida en la garganta cuando entra por la puerta. En sus doblones de oro acunados en sus manitas felices. En cuándo empezó todo y se vino abajo nuestro castillo de naipes. En que ella le escriba cosas tan bellas y que necesite gritarlas al mundo. En que lo que estoy escribiendo ahora es una mierda y cómo no iba a serlo.

No estaría mal Sr. Alterio , que alguien me diera un par de buenas noticias, una sola, una señal, un empujón hacia algún sitio mejor. Lo demás, lo sé, es tiempo. Tiempo y no pensar de más, cosa que no se me da nada bien. Sé que pasará, que ya estuve aquí, aunque no de este modo, que volverá el color de mi sonrisa y alguien me buscará en alguna parte, que aprenderé a olvidar y mi buzón se llenará de cartas en sobres coloreados con cuentos de amor delicados como una caligrafía japonesa. Que para alguien, algún día, volveré a ser algo hermoso y grande que merece la pena cuidar. Que volverán las caricias a mi dedos. Que haremos viajes hermosos y nos reiremos de esto. Sé que pasará, que no hay pócimas mágicas para esto ni bálsamo de Fierabrás, sólo tiempo, tiempo y más tiempo.

Déjeme al menos Sr. Alterio, el derecho al pataleo, a tocar fondo y a sorberme los mocos.

Publicado por Puzzle a las 19:23
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6 desvaríos:

Anónimo dijo...

patalea y toca fondo, pero más que un par de buenas noticias, te vamos a tener que dar un buen par de leches (y luego las buenas noticias). olvídala. ella está con otro y es feliz. deséale lo mejor y procura hacer lo mismo con tu vida. efectivamente es cuestión de tiempo. no le des el gustazo de que te vea así nadie.

frank dijo...

The love is a bitch!

acantilado de la vida
muero al saltar
pero salto
de tra manera no vivo

(muy buen posteo)

Lobis dijo...

Alguien dijo que el amor nace de nada y muere de todo.
Hoy leyendo esto tuyo, me acordé de algo mío: (http://degiocondas.blogspot.com/2005/12/cuando-ya-no-estuve.html).
No mas palabras, sólo un abrazo desde el sur.

Meri dijo...

voy adelantando todos los relojes...a ver si así el condenado tiempo pasa más deprisa...

María dijo...

Jorge, sabes que nunca escribo pero que te leo siempre. También sabes donde estoy. Donde sigo estando.

Sherezade dijo...

A pesar del minimo común múltiplo, de la lógica y del máximo común denominador piensa en el tiempo que las matemáticas no pudieron quitarte, que ese recuerdo te acune en las noches oscuras, que te dé el aliento en vez de robártelo y que te haga pensar que si pasó una vez, por qué no ha de pasar dos?

 
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