jueves, 31 de marzo de 2005


No hay manera de averiguar dónde aterriza la próxima caricia. Es mi acertijo favorito, el que más me gusta plantear ante un cuerpo desnudo o ligero de equipaje. No es tampoco un secreto, más bien lo contrario, me gusta acariciar y que no conozcas mis intenciones, el terreno por explorar, la estrategia y el despliegue de mis tropas de invasión. Tienes que dejarte hacer e intentar adivinar dónde empieza el primer escalofrío, te doy una pista: de dentro, de muy dentro. El resto se desconoce por completo y justo ahí reside el misterio. De tarde en tarde serán arañitas marrulleras, un ejército de hormigas en busca del prodigioso miligramo (en formación, bien adiestradas, de firmes propósitos), a veces incluso manos enteras que se lanzan como kamikazes a estrellarse contra tu luminosa espalda de luciérnaga , quizás para estallar sobre tus infinitos muslos de femme fatal con el esperado final de no volver a levantar altura. Y quién querría.

Se sabe en parte que los mejores puntos de partida son ciertos repechos deshabitados que andan esperando un primer temblor que apresure el efecto dominó. Las zonas de mayor curvatura, no por ser las más peligrosas -sino las más agradecidas- también se deben incluir en el itinerario. Trayectos de recorrido incierto que arrancan en un enredo cualquiera de pelo (que deberá ser desmadejado adecuadamente), hasta unos tobillos desabrigados o una maraña de pies que se enredan y desenredan a su antojo.

El resto no se puede contar. Todo por mantener la incógnita sin despejar.

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miércoles, 30 de marzo de 2005


Hace tiempo que no hablo de la Mujer más guapa del mundo. Hoy cumple 91 y ahí sigue, encogiéndose poco a poco dentro de su chaqueta azul y su mantita arco iris , vencida , despidiéndose de la vida con humildad , como saliendo por la puerta de atrás y de puntillas. Yo sigo sin tener prisa porque se vaya, por puro egoísmo, porque basta una sola de sus sonrisas para que se ilumine una ciudad entera, una sola de sus manos revoloteando sobre la mía para que mi niño malcriado proteste y patalee . Quédate un ratito más, aún es pronto . Ella no lo sabe, pero la miro de reojo, para darme cuenta y aprender, a hurtadillas, para asombrarme de su manera de mirar la vida tras esas gafotas (las únicas que tuvo) de mujer lista como ella sola que escucha sin decir nada. Después de tanto tiempo, no recuerdo haber oído nunca que se quejara o que levantara la voz, lo mismo que el abuelo, al que muchas veces le hicimos rabiar cuando se quedaba a cuidarnos siendo niños. Cómo nos gustaba que nos cuidara, le preparábamos la merienda (esas meriendas de abuelo con hogaza de pan, jamón , queso y vino) y me quedaba junto a él escuchando el partido y rellenando quinielas con la lógica del mocoso. El yayo, con su camisa remangada hasta el codo y el tatuaje de Pilar en el antebrazo, su porte de galancito y buen mozo que siempre fue.

Se conocieron en un entierro, el de la hija de unos amigos comunes, mal asunto si no fuera porque allí resolvieron pasar la vida entera el uno junto al otro, aunque Pilar se hiciera la difícil durante un tiempo Lorenzo no dejó de cortejarla. Luego llegaría la guerra, el viaje de novios en camioneta y mil historias de tiros , hambre y difuntos que la Mujer más guapa del mundo siempre nos cuenta. Porque ella dice que va perdiendo la memoria y sin embargo los enredos con el abuelo no se le borran jamás, como la sonrisa que se le dibuja cuando las cuenta. Chatica, le decía.

Todos sabemos , porque no deja de repetirlo, que apenas le queda por hacer aquí, que muy mal tenemos que quererla para que le deseemos que cumpla muchos más (eso lo dice como con retintín, medio en broma medio en serio) y que sigue hablando con el yayo en voz bajita. Yo, por si acaso, le cojo fuerte la mano o juego a despeinarla, para cuando nos falte y se marche con el abuelo a recuperar todo este tiempo que llevan apartados e incompletos el uno sin el otro. Para que puedan seguir siendo grandes. Muy grandes.

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martes, 29 de marzo de 2005


Envejeceré bien, con mis achaques y mis cosas, aparentando menos , rodeado de libros y moleskines manchadas de tinta (los pilot no se inventaron para zurdos) , de fotos desordenadas y canciones adheridas a cada recuerdo. Te veo entrando por la puerta, hola amor cómo te fue, y yo cerrando a Cortázar por la página cincuenta y pico, beso y sonrisa, ya sabes me pillas leyendo y qué bien que escribe este cabrón, no es justo pero así debe ser. Te hace gracia porque es lo mismo que digo hace mil años cada vez que abro un libro, porque allí están ellos agazapados , preparados para fingir el reencuentro de dos viejos amigos que se cruzan de vez en cuando, aunque todo esté –en realidad- preparado y ocurre tal cual se planeó. Te sientas al lado, abrazo y sonrisa, me fue bien pero te echaba de menos, me gusta que lo digas aunque te tomo el pelo, qué lees, descorchemos una botella de vino o mejor preparemos chocolate con picatostes, estoy con Rayuela empezando por el final, tú estás con Silvina y con Bioy. Hace una tarde preciosa y la ciudad está enamorada, por eso se atreve con su mejor vestido . Vayamos al cuarto , que hoy ya hemos alimentado el espíritu y no es cuestión de abandonar la carne.

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lunes, 28 de marzo de 2005


Es verano de sirocos y Sirena sueña siempre con una ola terrible que la lleva al peor y más incierto de los finales , una cresta de mar turbia y feroz de dimensiones imposibles que se estrella una y otra vez contra su espalda de papel de seda. Noche tras noche vive el mismo desvelo como si fuera real y se revuelve en su cuerpo joven de sirena que tiembla esperando que una voz le devuelva la calma . Amanece y Sirena nunca tiene miedo al mar , se encuentra con él al final de las dunas y se lanza a volar describiendo un arco que la proyectará hacia la inmersión perfecta. Todo ocurre en un lapso breve de tiempo y el mar que juega una mano arriesgada levanta una muralla de agua casi idéntica a la soñada. Ella acepta la mano y apuesta fuerte resolviendo que no cederá a intimidación alguna, sin corregir la trayectoria calcula mal el punto donde el remonte rompe y estalla desprendiendo la carne de los huesos. Sirena queda varada y nunca más vuelve a tener el sueño.

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domingo, 27 de marzo de 2005


Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.
Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.

¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revolver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.

Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.

Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su lisitud como el agua después que le pescan el pez.

Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.

Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.

(Enrique Anderson Imbert)

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sábado, 26 de marzo de 2005


Pertenecemos a una triste especie de insectos, dominada por el apogeo de las hembras vigorosas, sanguinarias y terriblemente escasas. Por cada una de ellas hay veinte machos débiles y dolientes.

Vivimos en fuga constante. Las hembras van tras nosotros, y nosotros, por razones de seguridad, abandonamos todo alimento a sus mandíbulas insaciables. Pero la estación amorosa cambia el orden de las cosas. Ellas despiden irresistible aroma. Y las seguimos enervados hacia una muerte segura. Detrás de cada hembra perfumada hay una hilera de machos suplicantes.

El espectáculo se inicia cuando la hembra percibe un número suficiente de candidatos. Uno a uno saltamos sobre ella. Con rápido movimiento esquiva el ataque y despedaza al galán. Cuando está ocupada en devorarlo, se arroja un nuevo aspirante. Y así hasta el final. La unión se consuma con el último superviviente, cuando la hembra, fatigada y relativamente harta , apenas tiene fuerzas para decapitar al macho que la cabalga, obsesionado en su goce.

Queda adormecida largo tiempo triunfadora en su campo de eróticos despojos. Después cuelga del árbol inmediato un grueso cartucho de huevos. De allí nacerá otra vez la muchedumbre de las víctimas, con su infalible dotación de verdugos.

(Juan José Arreola)

Publicado por Puzzle a las 19:23
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jueves, 24 de marzo de 2005


Las veletas se volvieron locas y ella cambió de rumbo, de aire y de amores, de puntos de vista, de ciudad, de manera de ser y de ver las cosas, de prioridades, de deseos , de marca de maquillaje , de compañía y de acompañantes, de forma de susurrar, de amante, de amigos mejores, de idea, de sueños, de parecer , de opción, de casa , de cama, de recuerdos, de proyectos, de estados de ánimo, de ventura, de destino, de largura de falda, de gustos, de actitud, de chico, de grito de guerra, de lema, de motivos, de perfume, de piel, de formas de ver la vida y de temblar , de pareja y de entusiasmo. Finalmente las veletas enloquecieron y ella cambió.

Publicado por Puzzle a las 21:14
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martes, 22 de marzo de 2005


El tipo concluye que resulta tan fácil dejar de creer en alguien que apenas basta con que se desdiga o se olvide, con que rompa las promesas que juró que eran ciertas, con que deje de volar junto a él o pierda la coherencia que tanto defendía y esperaba mantener. Ahora te quiere, ahora no, ahora se muere por vos, ahora no te necesita más y la misma cantinela una y otra vez. Se siente estúpido y resuelve que hay personas que quieren creer que son lo que no son, que tienen miedo a las plazas vacantes y a estar solas, arrinconando lo que realmente importa. Personajes que no saben distinguir entre lo volátil y lo que permanece, que cada mañana se ponen el disfraz de interesantes y que buscan el premio urgente. Gente que se maneja al revés de lo que dice.

Mira dentro de sí y la busca con el pensamiento, si ahora volviera a las andadas, sería difícil olvidar cada agravio y si –además- volviera a reírse de él , nadie esperaría entendimientos ni treguas. Entre tanto ella -que sigue ajena- se deja llevar porque es lo fácil y lo que mejor resulta.

Resulta tan fácil dejar de creer en alguien que apenas basta con que una mano rompa en mil pedazos los apegos y las ilusiones que por otra parte ahora se descubre que son meros efectos ópticos.

Publicado por Puzzle a las 7:45
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lunes, 21 de marzo de 2005


Princesa malcriada y tarambana reconvertida a ranita se ofrece para envenenar manzanas. Experiencia en corazones harapientos y príncipes bobos que no escarmientan. Desencanto garantizado. En la actualidad: protagonista de videojuego, algo cansada de cruzar ríos saturados de troncos y de esquivar autos locos, busca otras emociones.

Razón : Charca del Olvido (País de las Promesas Rotas).

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domingo, 20 de marzo de 2005


Que alguien venga y me arrebate esta desgana que se cuela por el filo de la puerta. Lo que sigue se conoce: una visita tras otra a la nevera, una conversación intrascendente con el perro o mirarse en el espejo intentando descubrir algo que indique qué está ocurriendo. El caso es que amontonando calcetines en los cajones ha saltado un poquito de flojera al cuello y se ha quedado adherida como una calcomanía de antihéroe derrotado que piensa que la cosa no va con él. Los días de desgana, lo que tienen es que pasan dejando una estela de miguitas de pan duro que te permita encontrar de nuevo el camino a la casita del bosque.

Publicado por Puzzle a las 6:11
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