lunes, 29 de noviembre de 2004
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viernes, 26 de noviembre de 2004
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jueves, 25 de noviembre de 2004
Tú no lo sabes, pero decidí amarte sólo a ti, siempre que me lo permitieras, sin calcular los daños colaterales o el número de víctimas. Y así fue que no quise que nadie entrara, porque mis puertas, mis candados, mis islas y mis desvelos cerraron filas en torno a tu diminuta ropa interior, tus brazos y tus manos de acariciar.
Tú no lo sabes, pero levanté un monopolio de sueños y días de no querer salir de nuestras cuatro paredes. De querer crecer a tu lado, de ver cómo mis pantalones descansaban en el borde de tu cama, y de alimentar la esperanza de levantar un amor infinito. Tú no lo sabes, pero no pude dejar de amarte, aunque pensaras que perdimos los mapas. Porque no hay manera espacios ni escenarios en los que no me sienta perdido sin tu estela de abrazos.
Tú no lo sabes pero decidí amarte. A pesar nuestro.
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domingo, 21 de noviembre de 2004
Por eso le paso la mano por el hombro que pide permiso para aterrizar sobre su chaqueta de lana , a ver si así puedo alimentar un poco más la poca lumbre que le queda. Y a veces ocurre que protesta una conversación que escucha a destiempo y entonces le cambia la cara, y a mí se me enciende algo por dentro. Otras (las menos) hace como que no escucha, a lo mejor porque no quiere oír lo que tiene que oír, entonces, también le cambia la cara que se le pone de enfadada con la vida, pero es sólo un segundo porque levanta la vista, y me pregunta por mis viajes, mis amores y el trabajo. Y le contesto -como siempre- lo mismo, que quién me va a querer abuela, y ella , hoy por primera vez ya no ha sonreído ni me ha dicho lo de siempre, lo que tanto me gusta escuchar de su voz, de esa voz de la que ahora sólo quedan unos hilillos de ternura consumida.
Y me vuelvo con la promesa de ir a verla antes de mi viaje a Holanda, para poder tocarle el pelo e intentar atisbar en su mirada, un poquito de la lumbre que se le escapa y se le apaga , de la que ya sólo van quedando rescoldos.
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viernes, 19 de noviembre de 2004
Antes de que pudiera convencerme de que los que estaban antes eran mejores que los que están ahora ya estábamos cruzando el vestíbulo y rellenando un formulario para poder donar. El taxista y yo, los dos en el mismo pack , con los antebrazos dispuestos a todo y el comienzo de una bonita amistad. Tanta concordia se respiraba , que la ciudad entera acudió en grupos que se contaban por cientos a donar su sangre. Los que iban en taxi se presentaban con sus respectivos taxistas , los enamorados con sus amadas y los estudiantes con sus tutores. Un equipo de fútbol al completo apareció con su eterno rival, los grupos de música cancelaron las ruedas de prensa para acudir con sus fans, y un circo que presentaba su espectáculo en las afueras, desfiló por los pasillos del hospital con toda su trouppe al completo, orquesta y trapecistas incluidos. Un inspector de hacienda llevó a todos sus contribuyentes prometiendo hacer la vista gorda en la siguiente declaración y algunos adolescentes que habían tenido su primera cita a ciegas por Internet se dieron de alta en el banco de sangre con un ánimo fuera de lo común. Tripulaciones enteras de aviones y barcos, azafatas y marinos mercantes, artistas y políticos, hasta niños que sin poder entregar una sola gotita , llevaban caramelos para todos los que sí podían hacerlo. Así pasó que fue llegando gente de todos los confines de la ciudad (gente de lo más dispar) con el único propósito de dar un poquito de su sangre y sentirse algo más unidos a los demás.
Por supuesto, encabezábamos la comitiva, los demás se agolpaban en círculos concéntricos para poder acercarse a los pioneros de la iniciativa y enseguida se supo (de lo cual siempre nos habíamos sentido orgullosos) que algunos éramos donantes universales, lo que nos convertía sin duda alguna en unos privilegiados. Entre piruetas de unos y piruletas de otros, se rellenaron miles de formularios y el entusiasmo crecía junto con la idea de estar haciendo algo importante. Nunca antes se vio nada así y los lugareños no recordaban algo parecido en los últimos cien años. Total que descubrí que hay palabras realmente simpáticas disfrazadas de lo que no son, representando el papel de perfectas e inocuas compañeras de fatigas, palabras como triglicéridos, que son como los Fraguel pero en tu sangre, y que suenan divertidas pero que te hacen sospechoso de no poder donar si estás bajo tratamiento. Mis triglicéridos entusiasmados se han levantado en armas y mi formulario ha sido arrojado al montón de los no-aptos. Durante seis meses.
Menos mal que siguió llegando gente de todos los lugares con los antebrazos encogidos por las ganas y el alma un poquito más encendida. Hileras humanas de amor y ganas de darse, aunque sólo fuera un momento, una medio verdad, un deseo. Un sueño.
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martes, 16 de noviembre de 2004
Ese es el motivo por el que eliges quedarte con la última imagen, la de las bromas y los disparates, la de peleas fingidas a modo de comedia de situación. Esa es la imagen que nos hemos querido quedar todos. Y es que las piezas del puzzle de cada uno también son así. A veces toca. Y entonces no hay cuento que valga ni historias urbanas graciosas. La de hoy, también es una historia urbana pero jodida. Además de esta, vienen otras despedidas, otra vez cerrar círculos, acostumbrarse a las ausencias (¿ se puede acostumbrar uno a ciertas pérdidas ?) y enfrentarse a los duelos como mejor podamos manejarlos. Por eso , cada vez me resulta más difícil asumir que nos compliquemos tanto la vida y se la compliquemos a los demás, sin pararnos a pensar en lo frágil que resulta ser todo. Tenemos una vida de plastilina.
Me mata ver así a mi padre y me mata la idea de que no encontremos la forma de decírselo a la mujer más guapa del mundo. ¿ Cómo se le dice a alguien que se le ha muerto un hijo?. Hay cosas por las que nadie debería tener que pasar jamás. Me jode ver cómo se consume en vida tanta ternura. Disculpen el ejercicio lastimero de hoy, pero es mi manera de gritar que no me acostumbro a decir adiós. Ni de un tipo ni de otro.
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lunes, 15 de noviembre de 2004
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domingo, 14 de noviembre de 2004
A Icaro le duele el alma de no entender cómo empezaron a perder altura sin poder remontar el vuelo . Mantiene el tipo, las alas extendidas y la mirada quebrada. También la firme decisión de no volver atrás. De no mirar atrás. Le quedó el tiempo justo para trazar la línea que ella cruzó. Tiempo de esperar otros vientos que se lleven los mensajes que vomitó aquella mañana el teléfono móvil. Huracanes que arrasen con todo el dolor. Por eso desde las alturas , cuando vuela proyecta la mirada en los edificios altos de la ciudad, avista su bloque y la casa, las calles y los coches , piensa en la mujer que ya no conoce y en las manos de alguien que no es él. Las ciudades están llenas de cuerpos extraños y de traiciones imposibles que ahora quedan lejos mientras son sobrevolados sin saberlo. “¿No tienes nada que contarme?” Nunca antes le dolió tanto hacer una pregunta, nunca tanto una respuesta. Dibujó otra línea un poco más allá que fue atravesada sin armisticio alguno y el ronroneo de la avioneta le devolvió al inicio de la maniobra de aterrizaje.
Para qué aterrizar, si no le gustaba la idea de tomar tierra. Barajó la posibilidad de estrellarse contra todas las habitaciones sórdidas de hotel llenas de amantes furtivos, contra la humanidad entera, la vida y sus bofetadas. Aplastar los recuerdos de los últimos quince años y arrojarlos en el contenedor más cercano. Discutimos las opciones menos malas delante de unas Coronitas y proyectamos un mañana mejor. Y yo me quedo pensando ,mirándole bien a la cara, deseándole ese mañana mejor y que todos los vientos que vengan soplen a su favor. Porque le tiembla la voz cuando me dice que no termina de imaginarse la vida sin ella pero que tendrá que hacerlo porque sabe que merece pilotar una vida llena de vuelos perfectos y de acrobacias hermosas, porque la humanidad se le sale por la boca al hablar.
Y sobre todo, porque Icaro es así aunque ese nunca fuera su verdadero nombre.
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sábado, 13 de noviembre de 2004
2.-Deseche cualquier posibilidad de cambiar o mejorar. Que lo haga otro.
3.-Culpe siempre a los demás, a los factores externos y si se siente especialmente inspirado, a todo tipo de experiencias pasadas o complejos no-resueltos.
4.-Actúe con prepotencia y falsa seguridad, pero sin dejar de aparentar cercanía.
5.-Quéjese. Casi siempre funciona y resulta altamente contagioso.
6.-Mantenga relaciones superficiales y poco comprometidas. Nunca perderá nada.
7.-Emparéjese con alguien más atractivo que usted (y a poder ser del sexo contrario) pero menos inteligente. Considerando que usted piensa que es muy inteligente, tenga cuidado de no dar con una persona que realmente lo sea.
8.-Planifique objetivos imposibles de alcanzar y encuentre la manera de postergarlos.
9.-Eche a perder alguna relación importante en su vida y siga culpando al otro. Sea rencoroso: es más divertido.
10.-Lea todo tipo de decálogos que le ayuden a superar su imbecilidad extrema y tómelos como dogma de fe.
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viernes, 12 de noviembre de 2004
Rizzuto solía presentarse en teatros humildes y en festivales de barrio, de donde casi siempre lo echaban a patadas. La verdad es que el hombre creía en la magia, en la verdadera magia. Y en cada actuación, en cada golpe de su varita azul estaba la fervorosa esperanza de un milagro. Él no se contentaba con las técnicas del engaño. Quería que su paloma apareciera redondamente. Durante largo tiempo lo acompañaron la desilusión y los silbidos. Otro cualquiera hubiera abandonado la lucha. Pero Rizzuto confiaba.
Una noche se presentó en el club Fénix. Otros magos lo habían precedido. Cuando le llegó el turno, dio su clásico golpe con la varita azul. Y desde el fondo de la galera salió una paloma, una paloma blanca que voló hacia una ventana y se perdió en la noche. Apenas si lo aplaudieron. Las muchedumbres prefieren un arte hecho de trampas aparatosas a los milagros puros. Rizzuto no volvió a los escenarios.
Tal vez siga haciendo aparecer palomas en forma particular.
(Alejandro Dolina)
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