viernes, 11 de febrero de 2005


Ahora resulta (y resulta bien) que mañana volvemos a casa en tropel. La noticia es que también regresa Patricia y que coincidimos en Barajas. He podido arreglar todo para que vuelva en el mismo tren con nosotros. Ojala esté bien. Ojala sea para bien.

Por otra parte el equipaje aquí resulta más sencillo de hacer , en una bolsa nueva para la ocasión ; los regalos y de resto, hay que asegurarse que la habitación queda totalmente vacía. Eso significa (sin ningún género de duda) que no olvidamos nada. Quedarán por apurar las últimas cervezas con los chicos y desarmar el castillo.

Que vayan preparando todo, que volvemos al planeta Cierzo.

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jueves, 10 de febrero de 2005


De nuevo el omnipresente Costello y té de melón acompañando la escena. Anotaciones en la Moleskine. Me encantan los lugares de grandes mesas con tableros de ajedrez gigantes. Todo el mundo tose como si fuera la primera vez. Yo sé (y tengo total autoridad para afirmarlo), que somos los peores porreros del planeta. Se nos ha apagado el peta dos veces y nos hemos plantado en el antro sin mechero ni cerillas. ¡Qué profesionalidad!.

Total , que como no me trago el humo, mátalo tú, que a mí no me hace nada.

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11

martes, 8 de febrero de 2005


Hace unos meses, Michael Ammar nos hacía un jueguito de magia con el número 11. Recuerdo que me preguntaba cómo decirlo en español, (el zorro de Mike, siempre con su exquisitez). De haber estado en Amsterdam , puedo imaginar qué firma hubiera dejado en el libro de visitas del último restaurante que visitamos.

Descubrir y pasear la ciudad con Juan y Susana es un lujo, primero porque son anfitriones de excepción y segundo, porque hay ciertas afinidades en cuanto a gustos y sitios que hacen que todo sea un poquito más especial. Siempre me gustó descubrir todas las caras de las ciudades y además, siempre pensé que de algún modo las ciudades son amantes (con un gran fondo de armario) que se ponen bonitas de manera especialmente acertada según sea el momento. Ellos me han mostrado la magia de la ciudad, de los cafés, los mercados y los parques. De los lugares fetiche para no olvidar y a los que uno termina siempre regresando.

Me quedé en el 11. Cerca (como casi todo) de la Estación Central se levanta un antiguo edificio a modo de caja de sorpresas . Y en la cima el 11. Ya solo el acceso por la noche es espectacular, como de peli de miedo tienes que recorrer un pasillo pintado para la ocasión y subir en un enorme ascensor industrial con dos enormes portones que en cuanto los abres , ya sabes que tarde o temprano aparecerán los malos (en forma de zombis o de vampiros urbanos) y allí acabará todo. Finalmente no ocurre lo que uno sospecha y el 11 te acoge en verde fosforito. Es el bar para tomar el Capuccino después de visitar el museo que tienes unas plantas más abajo, restaurante para celebrar ese proyecto que firmaron los del estudio de arquitectura de la quinta (con ese cliente inglés que tan poca gracia tiene) y un precioso mirador para contemplar la ciudad. Uno de esos espacios multifuncionales, en los que los fines de semana pinchará el DJ más cool , y de tarde en tarde puedes echar un partido de baloncesto en lo que horas despues será la pista de baile. Zona de lectura, dos enormes videowalls con proyecciones multimedia de última tendencia y camareras para caer rendido de amor.

Por eso sé que el amigo Michael, pediría prestada una baraja (o la haría aparecer) y contaría una historia de un sitio que era un bar, un club , un restaurante y un mirador, al tiempo que hace mezclas y cortes imposibles , chasca los dedos, sonríe y aparece un enorme 11 de corazones entre las manos para que usted pueda llevárselo a casa envuelto en forma de recuerdo inolvidable.

P.D: A Juan y Susana por su truquito de magia conmigo

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lunes, 7 de febrero de 2005





Finalmente pudimos averiguar quién es Bob. Las carreteras están llenas de carteles con su nombre y ninguna mujer envuelta en neopreno le busca. Más fácil que todo eso. Bob es el tipo que no beberá esta noche mientras todos salgáis de fiesta, el que cuidará de vosotros y pasará de las birras y las copas. El tipo que llegados los primeros desvaríos, se quedará mirando desde fuera del espejo. El que soplará y el que -medio paternal , medio jodido- os dará las buenas noches (o los buenos días si se tercia) sabiendo que hizo un buen trabajo. Por eso, casi nadie quiere ser Bob.

Por extensión, Bob es el tipo que te cuida cada noche , ese que espera paciente en la madrugada a que vuelvas (puede que acompañada por tu príncipe azul disfrazado de arlequín) y el que se apuesta detrás de los zaguanes las noches de carnaval , justo cuando alcanzas el portal y en las manos la cajita de sorpresas que encontraste en la plaza, la noche que la locura secuestró a las hadas enamoradas. El que te arropa la resaca y los delirios y el que se marcha para dejarte vencida y a solas con tu ramillete de máscaras rotas. Después de todo, nada te preocupa esta noche.

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domingo, 6 de febrero de 2005


Un tipo joven y solo por las calles del barrio rojo portando dos bolsas llenas de postales de museos en una mano y un mapa de la zona en la otra. Cruzando los canales con andares despistados y deteniéndose intencionadamente para escuchar las conversaciones de los grupitos de españoles que recorren las calles. Si se le mira de fuera, parece que busca, aunque en realidad sólo curiosea. Tuerce Kersksplein y avista los primeros escaparates. Por las pintas, parece la zona latina y enseguida las primeras mulatas intentarán entablar conversación. Aligera el paso y encara de nuevo las calles más concurridas, le agrada observar a las parejas de novios entrando a los espectáculos eróticos y a las chicas saliendo de los sex-shops con toda suerte de artículos que esa misma noche tendrán a bien probar a solas o en compañía. Es entonces que piensa en ella y en lo estupendo que sería comprar juntos un par de entradas y una bolsa llena de juegos para amarse.

Localiza la iglesia y la callejuela estrecha (por la que apenas pasa una persona de costado), la recorre arriba y abajo jugando a mirar cada escaparate, y a veces , de cinco o seis seguidos que avista, todos aparecen con la cortinita echada, así que luego volverá para descubrir las nuevas formas de mujer antes escondidas. De no ser porque uno cuando camina solo, lo hace pensando en sus propios asuntos (a veces en los de otros) y en su mismo idioma, apenas le hubiera inquietado que una de las puertecitas se abriera tras él y aquella voz le hablara en perfecto español: "¡Chico guapo. Ven, acércate!, ¿de dónde eres?" Como ya intuye el procedimiento, sabe que la sonrisa de Sirena es de saldo, lo mismo que los guiños, lo único que cambia es el envoltorio, algo distinto al resto porque ella no es rubia, no es nórdica, tampoco oriental. Podría pasar por italiana, pero antes de que siga con los supuestos, ella habla de nuevo: “Eres español, verdad?, de dónde eres?. Yo soy de Sevilla". Demasiada información a cambio de nada. Aún no ha abierto la boca y ella ya se ha presentado, nada más falta que saque la foto de la primera comunión. "¿Quieres pasar?  Te hago lo que quieras”. Pregunta de obligada respuesta y el tipo joven que da las gracias, pero que nunca ha estado. "Pues mejor me lo pones. Alguna vez tiene que ser la primera. ¡Anda pasa!" Para entonces hay gente que se agolpa y que mira. "¿Estás aquí por trabajo?"  "Sí, y tú?" y de nuevo sonrisa de sirena. Tiene su gracia la cosa pero sin querer entablan conversación, sirena le cuenta algún entresijo, la tarifa y los servicios acostumbrados, el tipo joven abre los ojos de niño sorprendido que aprende cosas que no imagina, Sirena le habla de otras sirenas y de sus designios. La gente que antes se agolpaba ahora se aleja una vez que deciden que nada interesante va a ocurrir. "¿Seguro que no quieres entrar?" y chico guapo que se despide (No, gracias. Llevo prisa, cuídate) buscando el final del pasillo de luz roja y encarando la plaza. Plaza que no llega a cruzar del todo porque piensa en algo y da media vuelta, busca el atajo a la casita encantada pensando que tal vez debiera haber dejado un rastro de miguitas y se planta ante Sirena  de nuevo que le pregunta si cambió de idea. El tipo joven (que no atraviesa el espejo) saca de la bolsita de postales una de sus favoritas y le pide que la acepte como pago por sus servicios de sirena contadora de historias. Finalmente desaparece.

Un tipo joven y solo vuelve a casa pensando en sus propios asuntos y en los de otros, a veces en su idioma, a veces en otros. Piensa en Sirena, en si esa noche la tratarán bien o alguien le dirá cosas bonitas cuando atraviese el espejo, si quizás está pagando un master o el alquiler de un apartamento o si en realidad a las sirenas les importa un carajo lo que piensen de ellas porque para eso son sirenas. Aunque él no lo sabe, mientras toma la salida de la autopista que le llevará al norte, Sirena termina de prender una postal con girasoles radiantes que esa noche iluminarán su pequeño y revuelto planeta de látex.

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sábado, 5 de febrero de 2005


Al acabar me pides que me ría,
como antes, del mundo,
y que diga que es nuestro,
todo nuestro, con la alegre insolencia
que nos dan las victorias del placer.
Y es cierto, dominamos este valle
blanco y caliente, esta cama
que nos regala un reino
si no abrimos los ojos.

Pero el tiempo insultante, no me deja creer
y me rasga los sueños:
tenemos poca cosa que sea sólo nuestra,
nada más que tu cuerpo y mi frío
escondiéndose dentro de ti.

(Pere Rovira, Distancias)

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viernes, 4 de febrero de 2005


Llevo poco tiempo en el mundo de los scons. Me confieso un recién llegado, un desconocedor de la materia. Como diría Drexler, “antes” del Hotel New York nada era lo mismo, yo no era el mismo. Aun a riesgo de parecer repetitivo, hay lugares de los que uno se enamora y a los que quiere volver siempre. No tiene explicación, pero es así. En cualquier caso, ahora es momento de hacer una presentación amable de los scons para que si algún día tienes la oportunidad , te dejes llevar por la experiencia. La mía es breve pero intensa. Como ya he dicho, los scons son amables, amables y simpáticos. La propia palabra confiere felicidad a quien la pronuncia. Haz la prueba ; mientras lees estas líneas di en alto : scon. El efecto es casi inmediato, serás un poco más feliz. Si estás a solas, puedes incluso gritarlo (se requiere el mismo convencimiento con el que alguien clama al aire un amor) y si estás en compañía siempre puedes dejar caer la palabra en una pregunta, como quien no quiere la cosa : “Mi cielo, ¿sabes qué son los scons?” y a partir de ese momento la dicha compartida estará asegurada.

La historia de los scons, para quien no la conozca, se puede contar como un pequeño cuento, en realidad importa poco el resto, los ingredientes o la procedencia (parece ser que inglesa). Lo que cuenta de los scons es el ritual de compartirlos. Esa es la primera regla: jamás comas scons a solas. Tampoco vale cualquier manera de empezar. Mi primera vez fue deliciosa (en el sentido más amplio de la palabra). El escenario , una típica casa del centro de Amsterdam en compañía de unos amigos, los culpables (mil veces gracias) de mi amor por el New York , alguno de los cafés de la ciudad y las bicicletas. Es el mejor de los comienzos ; tomar mate en la cocina mientras Juan prende la pavita y Susana prepara la masa. La cosa se crece si la conversación acompaña, ya sabes; viajes, libros, museos y la vida. Buenos temas para arrancar. Luego preparas nata montada y te sientas a la mesa a seguir mateando. Tomas un scon, lo abres en dos mitades y te sirves tanta nata y mermelada casera como gustes. Música recomendada : Spinetta.

La otra “mejor opción” es pedir un “High Tea” en el hotel New York. Entre las tres y las seis de la tarde, también aquí es de obligado cumplimiento no acudir solo , entre otras cosas, para poder disfrutar de la cara de sorpresa de tu acompañante cuando traigan el té , los emparedados y la torre de tres pisos llena de dulces y chocolates. Normalmente los scons ocuparán la primera bandeja junto a la crema y la confitura. Tómate todo el tiempo del mundo, contempla los barcos transitar por la bahía y escribe algo bonito en una servilleta , algo para ella. Música recomendada : Stravinsky (al fin y al cabo un scon es un poco cronopio) . Vuelve a pronunciar en voz alta la palabra mágica, a partir de ese momento sucederán varias cosas ; tú serás indiscutiblemente más feliz, ese tipo con aspecto de gángster te mirará extrañado y finalmente, la camarera resolverá que has pedido ración extra. No importa. Tienes toda la tarde y barquitos suficientes que mirar.

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jueves, 3 de febrero de 2005


Lista de infracciones (reales) cometidas en las últimas tres semanas :

· Circular 500 metros por un dique en dirección contraria. Nos perdimos cerca de la playa.

· Invadir el carril tranvía en Amsterdam. Reacciono pronto antes de que el disgusto sea mayor , por fortuna puedo “asaltar” el carril bici. Los ciclistas en Holanda suelen ser altamente comprensivos y apenas te miran mal. Ni aun cuando ocupas su espacio.

· Circular por autopista a 105 kilómetros por hora en repetidas ocasiones. La velocidad máxima es 100. Todo el mundo la respeta. Cruzando el túnel de Beneloux hemos superado con creces dicha velocidad (la prudencia aconseja no dar más información).

· No ceder el paso a los ciclistas en las rotondas , al menos media docena de veces diarias . Siempre por falta de costumbre.

· No ceder el paso a los peatones por el mismo motivo del punto anterior. Que nadie se inquiete.

· Circular en dirección contraria por la zona portuaria de Rotterdam. No quedaba otra (era de noche y confundió el camino) . Una mala señalización nos hace tomar el acceso equivocado mientras un grupo de vehículos se dirige hacia nosotros en avanzadilla. Tampoco podemos volver a la derecha porque ahora el carril está ocupado por vehículos enfadados, así que decidimos…

· Circular por las aceras de Breda. Ahora entiendo lo de la rendición. El caso es que unas indicaciones algo confusas me llevaron a ocupar la zona peatonal.

· Invadir la mediana deteniendo el coche a sangre fría apenas a unos centímetros de una señal de tráfico que se levanta indiferente ante nosotros. Esperar a que terminan de pasar los vehículos a derecha e izquierda (esta vez se mostraron menos comprensivos) y recuperar la dirección adecuada.

· Detenerse a hablar en un escaparate del barrio rojo con una prostituta sevillana. Tiene su gracia la cosa. Me cuenta algún entresijo del oficio y resulta ser la anécdota perfecta para los chicos. Quisieran conocerla, pero como en los cuentos de hadas, creo que no sabría encontrar el atajo de vuelta a la casita encantada. Conviene aclarar que no atravesé el espejo.

· Echarte de menos más de lo permitido por la ley holandesa vigente.

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miércoles, 2 de febrero de 2005


Hoy he decidido ser un recortable de papel, perfilando mi silueta entre las paredes y las calles, proyectando mi sombra contra las cornisas del viejo café que tanto nos gusta habitar, con su escalerita de madera y su vino dulce y caliente desde donde miramos el canal. Adelantaos, que os cojo enseguida, quiero quedarme un ratito entre la gente, camuflado con mi aspecto de japonesito “fotografíalotodo” y no dejar de mirar los tranvías y las bicis.

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martes, 1 de febrero de 2005


Volveré a pensar en ti con el amanecer primero , justo cuando los últimos copos dejan la casa envuelta en un gran telón blanco que se alza anunciando el comienzo del nuevo día, al tiempo que la cafetera se declara en estado de rebeldía. Tiritaremos el coche y mi cuerpo, unidos por una extraña sincronía que sólo puede significar una vez más tu ausencia y la desagradable sensación térmica que produce el no tenerte. La privación de algo querido siempre nos lleva a buscar aliados y compadres, acaso una canción o una botella de vino, acaso las dos cosas, aunque la prudencia aconseja optar por la canción. Me atrevería a decir que hace días que hago el mismo trayecto de manera automática, casi siempre imaginándote en tu pequeño planeta , (el que habitarás en este mismo instante) levantando la mirada y dibujando figuritas con los dedos en las ventanas empañadas por el frío. A veces, quien sabe , prendiendo una sonrisa o la luz del cuarto que también se te antoja tembloroso y distinto.

El resto será lo de siempre estos días. Puede que termine acostumbrándome a la sopa de guisantes y salchicha de la cantina , a Cees gritando bien alto mi nombre cada vez que aparece en la sala, a las alertas rojas y amarillas del servidor de Bloomberg en Nueva York y a la cerveza holandesa. A que cierren todo a las cinco de la tarde y a que tengan preferencia las bicicletas y los tranvías. A comer poquito y a cenar mucho. A no correr por la autopista y a comprar El País con un día de retraso.

Incluso a que un coche se empotre contra el mío de camino al trabajo.

Publicado por Puzzle a las 19:39
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