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jueves, 24 de febrero de 2005


Harry, el ladrón simpático, estaba cercado. Los seis detectives mas ilustres del mundo estaban en la ciudad, convocados para darle caza. Philo Vance, J.G. Reeder, Ellery Queen, Philip Marlowe, Sherlock Holmes y el padre Brown pronto empezaron su trabajo. Sin embargo, el ángel Gris de Brooklyn acudió en su ayuda. Vance recibió una orden misteriosa e inapelable para que siguiera a Reeder. A Reeder se le ordenó seguir a Queen. Queen recibió órdenes de seguir a Marlowe. A Marlowe le ordenaron seguir a Holmes. A Holmes le dijeron que siguiera al padre Brown. Finalmente el padre Brown fue comisionado para seguir a Vance. A las pocas horas los seis estaban inmóviles en una plaza acechándose mutuamente y esperando un primer paso que nadie iba a dar. Harry, el ladrón simpático, cometió algunos delitos y después comenzó una nueva vida en un país lejano. Los seis detectives siguen en Brooklyn, atascados como universo inmóvil que espera una voluntad.

(Alejandro Dolina)

Publicado por Puzzle a las 23:39
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domingo, 16 de enero de 2005


El actor y dramaturgo Enrique Argenti solía representar una obra que él mismo había escrito y que narraba la historia de un hombre que se vengaba de sí mismo. El comienzo era un lugar común de los relatos psicológicos: el protagonista odia su propia conducta y trata de castigarse. Una noche, víctima de espantosos remordimientos, el individuo se rompe una botella en la cabeza y se desmaya. Ya recuperado, da en pensar que el castigo que se propinó fue excesivo e injusto. Como se trata de un ser vengativo, resuelve devolverse el golpe y se da una puñalada en el costado. Las venganzas sucesivas y crecientes prosiguen durante toda la obra. El hombre es al mismo tiempo Montesco y Capuleto. Y no hay en su compleja psique ni un solo personaje conciliador que ponga fin a las ofensas.Naturalmente, como toda cadena de venganzas, la historia termina con la muerte del protagonista, o mejor dicho, de los protagonistas.

(Alejandro Dolina)

Publicado por Puzzle a las 17:50
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domingo, 9 de enero de 2005


Algunos aficionados a la magia postulan la existencia de espejos memoriosos, que guardan las imágenes aun en ausencia de los objetos reflejados. El músico Ives Castagnino jura que una tarde en La Perla de Flores le hizo gestos de simpatía a una jovencita que descubrió en el espejo. En cierto momento, anotó el número de su teléfono al revés en una servilleta que se puso luego en la frente. Ella tomó nota. Suponiéndose aceptado, se dio vuelta para proseguir la seducción en forma directa. La chica no estaba. Volvió a mirar el espejo y la vio ostensible y contundente, con un solero a lunares. Agotados los experimentos ópticos, el músico calculó que aquel espejo conservaba imágenes del pasado y se fue tranquilamente.

La tarde siguiente, se cruzó en la puerta misma de La Perla con la jovencita del solero. Después de filosofar brevemente, creyó entender que el espejo no reflejaba el pasado, sino el futuro. La confitería estaba desierta. La chica se sentó en la misma mesa del día anterior. Castagnino -por capricho- modificó su ubicación. Al rato la buscó en el espejo y no la encontró. Se acercó entonces a la mesa y se disponía a hablarle, cuando vio que ella le hacía caritas al espejo mientras anotaba un número de teléfono.

Castagnino captó al fin la verdad: en el espejo de La Perla de Flores podía verse el pasado o el futuro, según donde uno se sentara. Perplejo ante aquellas reflexiones, ganó la puerta y buscó una confitería sin espejos.

(Alejandro Dolina)

Publicado por Puzzle a las 8:54
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viernes, 12 de noviembre de 2004


El mago Rizzuto no conocía ningún truco. Su número era bien sencillo: golpeaba su galera con una varita azul y luego esperaba que apareciera una paloma. Naturalmente, la total ausencia de dobles fondos, de mangas hospitalarias y de juegos de manos conducía siempre al mismo resultado desalentador. La paloma no aparecía.

Rizzuto solía presentarse en teatros humildes y en festivales de barrio, de donde casi siempre lo echaban a patadas. La verdad es que el hombre creía en la magia, en la verdadera magia. Y en cada actuación, en cada golpe de su varita azul estaba la fervorosa esperanza de un milagro. Él no se contentaba con las técnicas del engaño. Quería que su paloma apareciera redondamente. Durante largo tiempo lo acompañaron la desilusión y los silbidos. Otro cualquiera hubiera abandonado la lucha. Pero Rizzuto confiaba.

Una noche se presentó en el club Fénix. Otros magos lo habían precedido. Cuando le llegó el turno, dio su clásico golpe con la varita azul. Y desde el fondo de la galera salió una paloma, una paloma blanca que voló hacia una ventana y se perdió en la noche. Apenas si lo aplaudieron. Las muchedumbres prefieren un arte hecho de trampas aparatosas a los milagros puros. Rizzuto no volvió a los escenarios.

Tal vez siga haciendo aparecer palomas en forma particular.

(Alejandro Dolina)

Publicado por Puzzle a las 23:35
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