domingo, 18 de septiembre de 2005


Casi puedo afirmar que no está. Después de varios días de minuciosa investigación, la ausencia de Nicolás es un hecho. Me he pasado muchas horas de las últimas 48 olisqueando el aire en busca de su rastro. Él no sabe que su piel huele como la leche tibia de mi madre, por eso lo lamo a todas horas con una fruición que le hace reír y que le encanta, por más que a veces finja estar harto de mí. Nicolás no ocupa ya la mitad de la cama, aunque ella siga durmiendo en el mismo lado, como respetando su ausencia. Ya no suena por las mañanas la horripilante melodía de su móvil despertador, ni se levanta despeinado y sale pitando al trabajo, deseando volver cuanto antes a esas cálidas sábanas y a ese cuerpo de mujer que tan bien conoce.

Aunque no termino de comprender el porqué de algunas de sus camisetas, debo reconocer que me cae bien, que lo ha llenado todo de música y ternura. Ella canta feliz desde que lo conoce, cada día es un día más con él, una aventura nueva.

Ya saben jugar juntos, y no el uno contra el otro, me gusta mirarlos cuando se ríen e inventan uno de sus delirantes cuentos, me gustan las braguitas diminutas que ella se pone para él, son muy fáciles de romper, por eso espero que vuelva pronto, subiendo las escaleras de dos en dos, pero sin caerse, que se queje del mal olor que de repente flota en el ambiente y me bese en la nariz, que traiga vino y nos vayamos todos juntos al dormitorio, como una extraña familia feliz.

(Patricia E. Erlés)

Publicado por Puzzle a las 19:37
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5 desvaríos:

Sandra dijo...

Jajaja! Qué historia tan linda!. Bravo!

Me gustó mucho también la foto!

frank dijo...

gracias Puzzle
grande
grande...

Anónimo dijo...

Ojalá el chico vuelva pronto a casa para conformar esa familia feliz!

Magda de los devastados dijo...

Lindo!!!!, guau,guau.

beatriz dijo...

Yo echo tanto de menos una familia feliz. El caso es que tuve mala suerte con la mía y además, me equivoqué eligiendo la que tengo ahora. Vamos, un desastre.

No pierdo la esperanza.

 
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