martes, 26 de mayo de 2009


Yo era muchas cosas diferentes, vendía cosas a domicilio, representaba algunos papeles en un grupo de teatro local, aparcaba los coches del club social y acompañaba a mujeres desdentadas a las fiestas más decadentes de la ciudad. En una ocasión fui catapultado como hombre-bala en un circo de tres pistas. A ella la conocí haciendo malabares en Gran vía, se acercó y como susurrando mariposas me confesó tímidamente que era tropecista. Recuerdo perfectamente la cara de pez que dibujé en los escaparates, resultaba delicioso el detalle de cambiar una vocal por otra. Ella insistía en lo de tropecista y, decididamente, era lo que decía ser: tropezaba todo el tiempo. Salía a la calle y tropezaba con octogenarias despistadas, tomaba el ascensor y tropezaba con la puerta, se movía por la casa y tropezaba con las paredes y el somier, lo mismo tropezaba con antiguos amores poco procedentes y volvía a tropezar cuando cogía el autobús. Era un tropezar continuo.

Me enamoré de Tropecista en cuanto dio el primer traspié con un bordillo y tuve que sujetarla fuerte para que no le pasara por encima un tranvía azul. Fuimos a parar a un charco y así sucedió que nos miramos de esa manera que tienen de mirarse los que acaban de dar juntos una pirueta imposible.

Salíamos a todas partes bien abrazados, tropezábamos juntos pero ella siempre con más gracia, había aprendido a caer como si fuera una patinadora olímpica y si lográbamos sortear un tropiezo, el siguiente era aún mayor. Caíamos juntos y eso nos hacía gracia. A veces me ayudaba en mi espectáculo callejero, me gustaba dejar caer al suelo mis mazas de malabarista para que ella las recogiera en un nuevo tropezón. Los aplausos aún eran mayores, no por burla sino por que nunca nadie ha tropezado con más dulzura que ella.

Con el tiempo afianzamos una relación que fuimos levantando delicadamente a base de tropiezos, ella caía y yo después, hacíamos el amor y caíamos, veíamos películas francesas y caíamos también, tropezábamos con la mesita de estar y con el vendedor de enciclopedias. Igualmente caíamos. Tuvimos que hacer algunas modificaciones en la casa para evitar accidentes mayores: colgamos los muebles del techo y reforzamos las paredes con algodón de azúcar. Aún no hemos terminado de acostumbrarnos, así que de tarde en tarde, cuando añoramos los tropiezos de antaño y nos viene el ataque de nostalgia, le pido desde abajo que suelte sus bracitos y que se deje caer desde la araña de cristal.

(Ilustración: © Isol)

(Publicado en la revista cultural "El Desembarco", Junio 2009)

Publicado por Puzzle a las 11:44
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12 desvaríos:

Mary O´clock dijo...

Te voy a contratar para que me cuentes cada día una historia de estas, cada día. Por lo menos.

Un beso.

Frank dijo...

genial, simplemente genial
qué más comentar
cuento hermoso, dulce, cómico, original, interesante...

muy bien - aplausos en triplicado!

Mar dijo...

ehhh! tanto tiempo, anduve tropezando por ahí y por allá...muy linda historia señor mago, los animales del circo, agradecidos

Rey muerto dijo...

Me he quedado boquiabierta al leerte y tus letras me han seguido por toda la casa y cuando me he girado para ordenarles que se volvieran a la pantalla del ordenador, he tropezado con mi cara de alelada en el espejo.

D. dijo...

Llegué aquí, saltando de charco en charco, de ventana en ventana, de casilla en casilla... y me encantó lo que leí, que tu corazón sea mitad canario y que te gustara Pedro Guerra...

Tu experimento anterior, me recordó el capítulo 144 de Rayuela... "Aquí olés a sardónica. Aquí a perejil pero apenas, un pedacito perdido en una piel de gamuza. Aquí empezás a oler a vos misma. Que raro, verdad, que una mujer no pueda olerse como la huele el hombre...", y tu Tropecista me recuerda algunos períodos de mi vida en que ando así, tropezando con la vida... y en eso estoy, leyendo retrospectivamente este Puzzle... de pieza en pieza, de palabra en palabra...

Anónimo dijo...

Quién estuviera boca abajo!!

Ub

media luna dijo...

Muy bueno el juego de palabras. Muy bueno, sí señor. Sugerente de principio a fin. La ilustración muy buena también.
Espero no perderme tu próxima publicación-presentación.

La Maga dijo...

Me fascinan los cuentos que estás dejando caer últimamente. Realmente mágicos. Besos.

Pilar dijo...

Hola !
Acabo de descubrirte !!!
No voy a perder tu pista, eres fantástico, un soplo de aire fresco en nuestras vidas.
Felicidades !
Pilar
Barcelona

mercedes de la jara dijo...

Sr, Gonzalvo que bonito escribe usted ! Digame, por qué sus historias me conmueven tanto, por qué tanta ternura, por qué, eh ?!

Nan dijo...

Su texto me causó un verdadero vuelco al corazón.

Un abrazo desde un trapecio en Mexico!

Alberto Duboin dijo...

Hay mucha magia aquí. Es como si alguien se hubiese dejado abierto el cajón de las palabras de los mayores y un niño jugara con ellas.

Gracias por estas golosinas y mucha suerte.

 
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