miércoles, 23 de noviembre de 2005


Una ligera bruma, no es niebla, ni siquiera neblina, el cielo se deja caer como un pañuelo de seda a punto de ocultar algo importante y hemos comenzado a entelar las alas de algunos aviones. Algo hay de distinto en el día, si acaso en nuestras vidas y en nuestras manos que sujetan las telas sin temblor alguno. Calzamos la tela como quien viste a una mujer hermosa y dormida, una mujer con el cuerpo todavía perezoso, frío, estirando la lona, ajustándola al metal con pliegues y caricias a un tiempo. A veces la tela llora, se queja de tanta tensión, hasta que se asienta de forma definitiva, certera. Tenemos o sentimos el orgullo de los que hacen algo digno con las manos, algo que luego alzará el vuelo sin dar las gracias.

Más hermoso que una mujer desnuda resulta una mujer desnuda que se viste lentamente, o que se deja vestir, desde abajo y poco a poco, como un avión con las alas desplegadas o un ave nodriza a punto de echar a volar. Qué hay más lejano que una mujer recién echada a volar. No se conoce.

Alguien pregunta si quiero volar, si he volado, además puedo elegir dónde quiero volar, en qué tipo de artefacto. La naturalidad de una pregunta así asusta. Hace tiempo que nadie me pregunta dónde quiero volar. “Abrígate, hace frío ahí arriba”. Hace frío aquí dentro, es lo que en verdad me parece pero no digo nada. Recuerdo la última noche con ella, aterrizando en su espalda, retomando el aire encajado aún en sus muslos. Una mujer pendular, siendo navegada por detrás. Una mujer que oscila dibujando un arco perfecto y hermoso. Existen fríos que castigan más que otros.

Levantamos el suelo en apenas unos metros. Se necesita poca pista para elevar un avión pendular. A veces pienso que las cosas no suceden de ese modo y que es el mundo, la tierra entera la que desciende como en tobogán precipitándose al vacío, luego nuestra nave se queda en algún punto fijo, intentando mantenerse quieta, serena. Es el mismo efecto del tren detenido en la estación y lentamente el andén se aleja en dirección contraria mientras nosotros observamos quietos. Muy quietos.

Rodeamos la urbanización de la gente bien, gente sin preocupaciones, gente con pista de tenis y piscina privada. Sé que estamos a punto de aterrizar, porque de nuevo el mundo asciende a 60 nudos, asciende de manera inequívoca, todo en uno, las tierras y los campos, las autovías y algunos perros de gente honrada que siguen nuestro trayecto con la vista, los llanos color ocre y algunas mujeres que lloran sin más explicación. La ciudad está llena de despedidas y por eso aterrizar duele. Por eso y porque de todas las manera de huir, de escapar, la más engañosa es la que rompe con la vertical de un plano. El plano de lo real.

(Nota: Ahora también se puede acceder a Puzzle desde la dirección: www.puzzle.es)

Publicado por Puzzle a las 11:45
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4 desvaríos:

Lobis dijo...

"Más hermoso que una mujer desnuda resulta una mujer desnuda que se viste lentamente, o que se deja vestir, desde abajo y poco a poco, como un avión con las alas desplegadas o un ave nodriza a punto de echar a volar. Qué hay más lejano que una mujer recién echada a volar. No se conoce."
Wow...
Por estos lados nada -casi nada- me sorprende o me conmueve.
Vos acabás de hacerlo.
Bien por vos, esta mujer, agradecida.

Anabel dijo...

Totalmente de acuerdo, que suerte tiene la persona que se deje vestir por alguien como el que escribe esas líneas. Si yo fuera ella, me dejaría hacer todo el tiempo. Algún día sueño con estar con un hombre que mire a la mujer de ese modo. Como un ser capaz de volar y desplegar las alas.

Magda de los devastados dijo...

Besos de aquí para allá y de allá para acá,pendulares.

Sara dijo...

Hace poco estuve en Zaragoza y me encantó pero empezaba a hacer frío. Me gusta lo que escribes y a partir de ahora te seguiré leyendo siempre que pueda.

 
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