martes, 21 de febrero de 2006


Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

(Cristina Peri Rossi)

Publicado por Puzzle a las 1:29
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jueves, 16 de febrero de 2006




Al finalizar el último round, los cuerpos seguían temblando y emanaban olor a macho y a hembra, también sonaban a bolsas de huesos rotos pero se veían hermosos en su agotamiento, en toda la extensión de la palabra rendición. Luego se recorrían la espalda, a veces sólo con las puntas de los dedos, como si diera miedo la electricidad, otras, se servían de sus bocas ávidas de sal y de sabores agridulces. Así hasta que ella se desplomaba de gusto sobre sus pechos llenos como cántaros. Claro que él no contaba con encontrarse al final de aquel tobogán de mujer, justo donde empezaba la cadera, una pequeña abertura de la que asomaba una extensión de cable fino y alargado. Siguió el cable con la mirada, salía de sus lumbares y caía a lo largo de la almohada. Un cable que nacía o aparecía del interior de una ánfora moldeada con las manos y que descendía hasta los pies de la mesita de noche, esquivaba al bueno de Faycan y abandonaba la estancia reptando como una triste inquietud.

¿Cómo podía ser que no hubiera reparado antes en algo así? Tan seguro como estaba de conocer el trazado sinuoso de aquel continente, saltó de la cama, quedó flotando sobre el cuerpo de mujer una pregunta en el aire y una nube de tabaco rubio, dobló el quicio de la puerta persiguiendo el cable, el extremo final de ella que escapaba fuera de la habitación y finalmente se encontró con una clavija culminando el extremo del cable: un enchufe en la pared era el final del trayecto, así que no pudo menos que dejarse llevar por la inercia, lanzó dos tirones secos hasta que soltó el conector y ella se apagó en un ronroneo lánguido y lejano.

Publicado por Puzzle a las 23:00
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miércoles, 8 de febrero de 2006




Ellos dos no se conocen. Se encuentran por casualidad en una azotea y su intención no es otra que quitarse la vida. Les duele la vida. La altura del edificio es una incógnita sin despejar, el suelo queda demasiado lejos. Se preguntan con titubeos el por qué de su abandono. Después de un diálogo un tanto desordenado y que les sirve como primera aproximación, se lanzan al vacío. Se arrojan cogidos de la mano en un gesto de complicidad desesperada. Como la distancia es enorme, incalculable, les llevará un tiempo caer. Durante la caída empiezan a dejar de ser dos desconocidos, se confiesan sus fantasmas y sus desvelos. Se tutean y se reconocen el uno en el otro. Hablan de lo que querían ser y lo que nunca fueron, incluso ironizan con el azar que les ha llevado a encontrarse en idéntica situación.

A mitad de recorrido se sienten atraídos y no se molestan en ocultarlo con artificios, no queda tiempo. Se despojan de la ropa sin soltarse las manos (esto sólo es posible en esta historia) se besan por primera vez pero no resulta ser, ni de lejos, una gran cosa. Prueban a acariciarse, aunque confunden el escalofrío con un temblor provocado por la velocidad de la propia caída. Vuelven a besarse y sorprendentemente resulta mucho mejor. Saludan a los pasajeros de un avión que está a punto de tomar tierra y vuela bajo. Se hacen el amor. Repiten. Se cuentan un cuento y descubren tener más cosas en común que las que nunca tuvieron con nadie.

Se dicen: “te quiero”, luego reflexionan acerca de la veracidad de lo que acaban de confesar. Se abrazan. Por último, se dicen: “te amo” en el mismo instante en el que revientan contra el suelo como dos bolsas de carne. Mueren felices. Sus sonrisas están expuestas junto a un fresco de Zucchero en cierta catedral de Florencia que los dos visitaron siete semanas antes de conocerse y de rendirse del todo.

Publicado por Puzzle a las 23:49
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viernes, 3 de febrero de 2006


Ten cuidado, amor, ahí afuera. Hace frío y el invierno vino con un brazalete de promesas que saltaron en pedazos contra el suelo. El ciprés me parece ahora tan poquita cosa, como un niño triste que no quiere contemplar cómo te alejas. No corras, no hay prisa, la carretera es peligrosa: una Mamba negra que acaba de morder de rabia un cuello roto por tu ausencia. Te vas con él, luego te robará la risa debajo de un Post-It gigante colgado de la fachada del Banco de España, donde alguien dejó anotada la lista de la compra o un practica el sexo todos los días.

Debería haberte dicho tantas cosas y sin embargo dije las que no debía, las menos apropiadas, como por ejemplo que estoy celoso. He probado algunas estrategias: poner cara de actor de comedia y encaramarme a tus pechos, al menos así te hago reír, después, hacerte arrumacos hasta que nos reblandecemos como masa de hornear en el sofá, a ver si con esas te acuerdas de nosotros dos jugando a ser nosotros dos y te vuelven las ganas de mí y de apetecernos tanto.

Publicado por Puzzle a las 12:36
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