miércoles, 26 de abril de 2006


Se amontonaban las toallas limpias sobre la cama, al lado de un neceser con las pequeñas cosas de diario: el cepillo de dientes, la crema de manos y un cortauñas. Lo demás lo compraría mañana o puede que nunca. Recogería rápido, sin detenerse a ordenar la ropa interior en montoncitos iguales, sin intención alguna de remediar aquel temblor de piernas y toda esa desgana. Acarició el lomo de Greta y desdobló la nota:

"Ni contigo, amor, volveré a tener lo que tuvimos juntos"

Luego continuó deshaciéndose en pedazos mientras el grifo goteaba al fondo del pasillo.

Publicado por Puzzle a las 17:58
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jueves, 20 de abril de 2006


Dile cosas bonitas a tu novia:
«Tienes un cuerpo de reloj de arena
y un alma de película de Hawks.»
Díselo muy bajito, con tus labios
pegados a su oreja, sin que nadie
pueda escuchar lo que le estás diciendo
(a saber, que sus piernas son cohetes
dirigidos al centro de la tierra,
o que sus senos son la madriguera
de un cangrejo de mar, o que su espalda
es plata viva) . Y cuando se lo crea
y comience a licuarse entre tus brazos,
no dudes ni un segundo:
bébetela.

(Luis Alberto de Cuenca)

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sábado, 15 de abril de 2006




Vivo en una tele extraña,
habitada por escritores de noticias
que recorren los pasillos arriba y abajo
”plumillas” -que diría alguien-
parecen tener prisa
y preocupaciones mayores
(alguien apresó
las máquinas de escribir,
las estilográficas Parker,
y en su lugar los ladrones
dejaron instrucciones precisas
acerca de cómo emplear
Times New Roman tamaño doce
sin que se rompa el mundo
ni la fotocopiadora)
Antes del noticiario
-Segunda Edición-
ajustan sus corbatas
y ensayan la sonrisa,
todo para que puedas
sintonizarlos cada día
en un horario incierto,
en una tele extraña.

Publicado por Puzzle a las 13:37
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domingo, 9 de abril de 2006



Jacobo Fuentes es contrabajista en un cuarteto de jazz. Le acompañan cada noche un batería borracho, un pianista con nueve dedos (el que falta lo perdió en una apuesta) y un saxofonista con anticuerpos. En realidad lo único cierto en la vida de Jacobo es su apellido: Fuentes, porque le brotan las corcheas del mástil como si fueran chorros de esperma musical. Su nota favorita es la redonda, le gusta creer que las cosas tienen nombres generalmente acertados y que la redonda –por tanto- se llama redonda por algún motivo filosófico que relaciona el concepto de verdad con la esfericidad de las formas (la bien redondeada forma de la verdad) y de los senos. Jacobo habla poco y las pocas veces que habla suele decir que los senos son redondos como verdades y que cuanto más redondos son, más verdad descansa en ellos. Jacobo toca el contrabajo porque aprendió enseguida a distinguir que el sonido que emitía aquel instrumento era como el lamento de un animal marino que llora, un bramido triste y pesado. Tiene, además, gastadas las yemas de los dedos de tanto acariciar pechos fríos y pequeños como piedras lunares.

El caso es que si investigamos más en la vida de Jacobo (porteño y amante de los gnoquis y el bifé) resulta que es amigo de emplear cosas sin cosas, o cosos sin cosos que es como a muchos argentinos les gusta decir a las cosas de modo genérico, así que Jacobo toma el café sin azúcar, alimentos que no saben a nada y lee libros (más bien los ojea) sin contenido alguno que por otra parte nunca logra entender. Además le gustan las mujeres sin sexo o sin senos, lo que viene a significar que tienen pechos diminutos o el sexo cerrado como un pistacho.

Antes de las actuaciones toma bourbon, rememora o tararea temas de Pastorius y acostumbra a tener sexo en su camastro de la pensión de Gran Vía con dos gemelas tristes también con sexo de pistacho. Es su rito particular, luego es capaz de tocar cada noche horas y horas pensando en esas mujeres lánguidas. Por eso cuando Jacobo hace llorar su contrabajo, lo hace al tiempo que piensa en mujeres sin sexo, mujeres de senos diminutos pero redondos como verdades, mujeres de catre y hostal, mujeres para ser retratadas en blanco y negro cuando suena alguna tonada triste, melodías agónicas que se le escapan de los dedos (dedos gastados por el tiempo, dedos sin yemas de tanto acariciar mujeres pistacho y las cuerdas de su contrabajo), dedos que chasquea de vez en cuando para marcar el compás o para señalar el comienzo de un solo interminable, y mientras tanto el público entregado en un silencio respetuoso, quieto, estremeciéndose de tal modo con las semicorcheas tristes de Jacobo que ya no son capaces de levantarse de nuevo de sus asientos ni de sus propias vidas.

Publicado por Puzzle a las 15:51
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lunes, 3 de abril de 2006


Te visitan en la hora más oscura todos tus amores perdidos. El camino de tierra que conducía al manicomio se despliega otra vez como los ojos de Edna Lieberman, como sólo podían sus ojos elevarse por encima de las ciudades y brillar. Y brillan nuevamente para ti los ojos de Edna detrás del aro de fuego que antes era el camino de tierra, la senda que recorriste de noche, ida y vuelta, una y otra vez, buscándola o acaso buscando tu sombra. Y despiertas silenciosamente y los ojos de Edna están allí. Entre la luna y el aro de fuego, leyendo a sus poetas mexicanos favoritos. ¿Y a Gilberto Owen, lo has leído?, dicen tus labios sin sonido, dice tu respiración y tu sangre que circula como la luz de un faro. Pero son sus ojos el faro que atraviesa tu silencio.

Sus ojos que son como el libro de geografía ideal: los mapas de la pesadilla pura. Y tu sangre ilumina los estantes con libros, las sillas con libros, el suelo lleno de libros apilados. Pero los ojos de Edna sólo te buscan a ti. Sus ojos son el libro más buscado. Demasiado tarde lo has entendido, pero no importa. En el sueño vuelves a estrechar sus manos y ya no pides nada.

(Roberto Bolaño)

Publicado por Puzzle a las 19:43
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