martes, 31 de mayo de 2005


Por lo que más quieras Nicolás, por tu madre que soy yo. Suéltalo ya. Desde el primer día supe que habías venido a este mundo para darme una hartada de disgustos, a lo mejor porque viniste del revés a la hora del parto y querías salir a devorar la vida antes de tiempo, siete meses después de aquella tarde de siesta con tu padre (que Dios lo tenga en su gloria), y mira que me costó sudor y lágrimas sacarte de mis entrañas , que casi me revientas por dentro. ¿Y lo que llorabas? , asustabas al vecindario y a la santa de tu abuela, que si no fuera por ella yo estaría ingresada , seguramente sin juicio y sin alma, en cualquier institución de mala muerte. Pero los designios te mandaron así como revuelto y madre no hay más que una.

Así que te rompías la cara miles de veces con los niños de la escuela , tus dedos experimentaban con todos los enchufes que encontrabas a tu paso y atormentabas a los gatos del barrio con piedras y cascos de botella vacíos. Cómo te gustaba respirar cerca de los botes de pintura hasta que se te nublaba la vista , luego perdías el sentido (el poco que te quedaba) y cuando te reanimaba, como en un ataque de locura genial, manchabas las paredes o los suelos con los colores del arco iris. Yo aguardaba en vela , con el corazón en la boca, esperando a que un guardia te devolviera al cobijo familiar después de tres días con sus tres noches sin aparecer por casa ni por clase de Don Felipe.

Por eso te pido , por tu padre que en paz descanse, que sueltes el bote, que te he dicho mil veces que no son caramelos, que son pastillas que tu madre se tiene que tomar para sobrellevar mejor la vida que le ha tocado en suerte, y que si no me matas de un disgusto me moriré de pena o de un aire en el pecho, que una no está para tanto sobresalto. Suéltalo ya Nicolás, por lo que más quieras. Por tu madre que soy yo.

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jueves, 26 de mayo de 2005


He debido cambiar mucho: ya no uso braguero por las hernias, ni aparato ortodóncico, ni pantalones cortos, ni adornos. Por teléfono ya no tengo voz de niña. Ni voy tirando piedras a las moreras, buscando hojas para los gusanos de seda que se arrastran unos sobre otros en una caja de zapatos. Mi plato favorito ya no son las torrijas. Y hace siglos, imagínate, que ya no me despellejo las rodillas.

He debido cambiar mucho: me salieron granos y pelillos, empecé a afeitarme, hice la mili, dejé de vivir con mis padres, me marché del barrio, conseguí un empleo. Nunca más volví a Amadora. A lo mejor el café de los billares cerró, hay un video-club en lugar de la mercería, cortaron los plátanos de la avenida, pasando tu casa, y quitaste aquellos cisnes de escayola de las columnas del portal. Siempre creí, no me preguntes porqué, que acabarías por quitar los cisnes de escayola, con sus alas abiertas y el pico pintado de rojo, de las columnas del portal. Tal vez porque a mí me gustan los cisnes. Tal vez porque tú me encontrabas feo y yo no te gustaba. Nunca respondiste a mis cartas. Nunca sonreíste a mi sonrisa. Nunca me agradeciste la preciosa rana que te envié con mi hermano más pequeño. Cuando le pregunté

- ¿Le diste la rana?

mi hermano me contó que apenas le quitó el paño que la cubría y te enseñó el animalito, te echaste a correr gritando

- Quita esa porquería de ahí

pero tengo la seguridad (¿a quién no le gustan las ranas, verdad?) que te encantó, que jugaste con ella y la colocaste en el estanque del patio. Apuesto a que aún anda por allí, en cuclillas sobre una piedra, mirando la ropa tendida en el patio de la cocina, la ropa de tu madrastra, tu ropa, la ropa del señor Bernardino, que acudió al anuncio pegado en el tablón de la tienda y os alquiló una habitación. Mi hermano, calcula a dónde pueden llegar las malas lenguas, jura que te casaste con ese, que se os ve tomando café, cogidos del brazo, los domingos en la mañana, en la pastelería Preciosa, que tenéis un hijo rubio, que te pusiste a trabajar en la secretaría del Ministerio de Economía. Claro que es mentira, que no me lo creí, que me reí. Que yo sepa, nadie puede tener hijos a los doce años, ¿verdad? Además, ¿qué demonio de gracia puede encontrar el señor Bernardino en una chiquilla? .

He debido cambiar mucho. Pero estoy seguro que me vas a reconocer cuando el domingo coja el tren de Amadora. Por más que construyan, el edificio y el cantero de dalias tienen que estar aún allí, con cisnes o sin cisnes, enseguida de pasar los plátanos. Me acerco a las rejas, tiro de la campanilla que suelta un gritito roto en el soportal, una delicada manita apartará las cortinas, y como ya no uso alambre en los dientes puedo decir

- Hola, Olga

puedo llamarte, puedo limpiarme los pies en el felpudo, puedo entrar, puedo sentarme a tu lado, con un paquete de bizcochos colgando del dedo meñique, en el sofá delante de la tele. Porque eso es lo único que quiero: sentarme a tu lado en el sofá y ver la telenovela.

Cuando le explico esto a mi hermano más pequeño se pone a bromear sin motivo alguno: que creciste, que te casaste, que tienes un hijo, que trabajas en el Ministerio de Economía, que no te acuerdas de mí, que estoy chalado. ¿Para qué responderle? Es obvio que te acuerdas de mí: era el único en la escuela con cara de conejo y aparato ortodóncico, y que se quedaba inmóvil durante los recreos por no poder correr a causa de las hernias, con una rana en el bolsillo para ti. Es obvio que te acuerdas de mí: era tan linda la rana, ¿a que sí?.

(António Lobo Antunes)

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miércoles, 25 de mayo de 2005


El chico quiere pasar al otro lado pero no se atreve, la ranita del cuento le amenaza con volarle la cabeza de un tiro. Todo porque la rana está enamorada de la chica del otro lado. La chica está a oscuras pero tres mariposas con forma de corazón le acompañan durante la hora del recreo, aunque después se irán a clase de aleteos. A la más inexperta de todas le quedó para Septiembre el práctico de aterrizaje sobre pétalos mojados pero seguramente y con un poco de esfuerzo aprobará. Una vez alguien le explicó que todo lo bueno a veces resulta complicado de alcanzar. Creo que era un grillo cantor que se quedó afónico de tanto ensayar. Además, a la rana le gustan las mariposas , no de una manera artística o natural, más bien es un interés culinario, pero si se pasa al otro lado en busca de mariposas, no quedará nadie vigilando al chico. Lo que nadie sabe, es que el chico está interesado en coleccionar mariposas en forma de corazón y que finalmente la chica no pinta ni quiere nada en esta historia. Si acaso seguir a oscuras.

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domingo, 22 de mayo de 2005


Se busca conejo de mago desaparecido durante actuación. Responde al nombre de Manolo y fue entregado a un espectador de la primera fila durante la presentación del conocido (pero no por ello menos sorprendente) número de ilusionismo llamado “Aparición de conejo” . Manolo es capaz de aparecer de múltiples maneras y en cualquier momento (en menos de un santiamén) o situación, arrancando el aplauso del público más exigente o los gritos felices de niños y no tan niños presentes en la sala. Bajo ningún concepto intenten prepararlo al ajillo o al horno, Manolo es de peluche. Cualquier información que puedan aportar acerca de su paradero será recompensada con un truco de magia o foto firmada por ilusionista de sonrisa deslumbrante.

Así mismo , se recuerda al espectador (también de la primera fila) que participó en el conocido (pero no por ello menos divertido) gag bautizado como “Pérdida de tiempo” que, el reloj prestado para la ocasión, pertenece al ilusionista y por tanto y en contra de lo que pudiera parecer, no es un obsequio de los patrocinadores de la gala mágica.

(Basado en un hecho real)

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viernes, 20 de mayo de 2005




Nicolás y Violeta se aman. Conforman un matrimonio feliz que ha sabido adaptarse a los tiempos que corren , a soportar los golpes que la vida suelta sin avisar y a poner cara de perro ante todo lo que pudiera desmoronar su pequeña barca enamorada. Los dos han alimentado sus años de convivencia aplicando reglas sencillas pero eficaces, casi todas ellas basadas en la entrega, la dedicación y la generosidad. Les gusta darse , buscar y perseguir la felicidad mutua , de manera que si alguien les preguntara acerca del secreto de su éxito, responderían a una sola voz que todo se limita a no querer poner candados ni cerrajas en sus vidas y, que lejos de encerrarse en un espacio cerrado, saben bien que la única forma de permanecer junto a alguien (si es que existe esa forma) consiste en desterrar la estúpida idea de poseer o manejar al otro.

Nicolás fabrica armarios a medida. El más reciente de todos preside su propio dormitorio. El material y la forma importan bien poco, Nicolás siempre dice que un armario tiene que ser capaz de albergar todos los sueños de una persona o de una familia, los sueños y los miedos, los miedos y los secretos , para que vayan quedando apilados en montones igualmente repartidos o quizás enmarañados en cada cajonera. El armario fue un regalo por su 20 aniversario, casi no parece un armario, porque casi toda su extensión queda cubierta por un gran espejo de puerta corrediza. Desde el interior es posible ver la totalidad del dormitorio a través del cristal. Desde el exterior , el reflejo de los días empujándose unos a otros de Lunes a Domingo a velocidad dispar. La medida fue calculada con precisión de relojero para que pudieran entrar los sueños , los miedos y los secretos. También era obligado que entrara Nicolás , que pudiera ocupar aquel espacio , acomodarse a él como quien se descubre en un lugar conocido y cercano, pero ajeno a todo lo que no importa, y que por no importar, mantenemos lejos o en la indiferencia.

A veces Violeta se desnuda lentamente casi en movimiento agónico , de espaldas al armario, fingiendo estar sola en la casa, haciendo como que espera o como que desespera y Nicolás que mira desde dentro el cuerpo que tan bien conoce y desea, el puzzle que tantas veces armó y desarmó a conciencia con sus dedos de artesano y que alimenta paciente el nacimiento de algo. Es uno más de los juegos que inventaron para las tardes de viernes que luego trasladaron al resto de los días. De vez en cuando el juego cambia y Violeta recibe visitas de amantes consentidos, haciéndoles pensar que espera sola en la casa, que su marido apenas la atiende o la entiende -que al caso viene a ser lo mismo- y se deja desnudar y manejar como un castillo de naipes que se tambalea antes de derrumbarse , Violeta consiente y accede , sostiene un fino hilo de pensamiento que proyecta hacia el espejo, estudiando su propio reflejo y el de un cuerpo extraño que intenta abrirse paso casi siempre de manera torpe o precipitada, viendo más allá del cristal, concediendo , entregándose frágil o tosca según la pericia de quien la habita, preguntando y respondiendo todo en uno, dándose a Nicolás, manteniendo la mirada fija en el cristal y derramándose entera, tambaleándose aún y rindiendo su fortaleza.

De tarde en tarde, Violeta ocupa el armario y cambian de suerte y de lugar, contempla a Nicolás fingiendo que seduce a una compañera de trabajo, una mujer cualquiera que piensa que Violeta no merece a Nicolás y desearía que las cosas fueran distintas.

Nicolás y Violeta se aman, han alimentado años de convivencia aplicando sencillas reglas basadas en la dedicación y la generosidad. Les gusta entregarse , buscar y perseguir la felicidad del otro. Ahora inventan otros juegos, planean unas vacaciones en los Alpes franceses, animados por unos amigos que conocieron en un local nocturno y que suelen visitar cada verano un pequeño parador frecuentado por parejas con sus mismas inquietudes. Si todo marcha bien, Nicolás espera ampliar su negocio de armarios a medida antes del próximo Enero -semana tres-haciéndolo coincidir (día más día menos) con el momento feliz de Violeta saliendo de cuentas.

(Publicado en la revista cultural "El Desembarco" , Abril 2006)

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jueves, 19 de mayo de 2005


Ambos estaban solos en aquella ciudad medio mutilada por saqueos y estados de excepción mal organizados. Él no tenía familia ni mascotas que reclamar en caso de que dieran con supervivientes (algo que resultaba poco probable) y ella disponía tan apenas de un pequeño apartamento que recibió en herencia cuando alcanzó la mayoría de edad. Un mes antes, cuando la gran superpotencia anunció que todo terminaría en cuatro semanas (un error de cálculo por parte de la comunidad científica), él decidió insertar aquel absurdo anuncio por palabras: “ Se busca estrellita errante para momento final, abstenerse cometas propensos a la euforia y satélites nostálgicos”. Recibió mares de respuestas pero sólo se interesó por la de Estela, quizás porque pensó que el nombre había sido inventado para la ocasión, lo que le resultó un detalle sin duda encantador. Hablaron acerca de cómo sería todo y finalmente decidieron verse en el apartamento, con un álbum de fotos de la infancia, una Polaroid para tomar algunas instantáneas (los dos estaban de acuerdo en que les encantaba esa palabra: instantánea) y algo de queso y vino. Verían una peli de risa y se intercambiarían un par de recuerdos que guardarían en sus respectivas carteritas, no fuera que alguien o algo algún día encontrara los cuerpos carbonizados y fundidos en el más feroz de los abrazos.

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miércoles, 18 de mayo de 2005


Ahí vuelve el bueno de Murray , una suerte de Buster con traje de Bill, dejando como quien no deja nada o como quien deja una nota cuando se marcha para no volver , alguien que deposita , suave, lento, esa clase de ternura que sólo Bill deja allí donde queda atrapado, en hoteles asépticos de ciudades luminosas y perdidas (Tokio te añora) , sentado al borde de la vida o de una cama de habitación cara , con esa mirada de tipo perplejo y melancólico que ya querrían otros. Perplejo y sorprendido cuando Cannes se pone en pie después de la proyección, como si la cosa no fuera con él – Yo no fui- mientras pone cara de yo-no-fui . No hay duda, es él. Ahí vuelve, el chico de la careta pintada de estupor , el que mejor sabe engalanarse con fobias de hombres que huyen todo el tiempo de sí mismos y de los demás. Que huyen del tiempo, de las ciudades, del mar. Que simplemente huyen.

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martes, 17 de mayo de 2005


Diástole, correcto. Sístole, correcto. Expiración, correcto. Vale, cojonudo, la he perdido. Debió ser el tipo aquel. El del encontronazo. Nunca llevo cartera, ni llaves de nada, bueno, a veces las de esas pequeñas esposas de peluche, tan rojas y tan golfas, con las que solíamos jugar, pero esas las llevo en mi bolsillito secreto y hoy se quedaron en el cajoncito de la cómoda de la habitación en la que ya no entro desde que ella se fue. Para qué. Todavía la escucho llamándome desde nuestro pequeño planeta de sábanas de raso, pidiendo más vino y haciéndose fotos con la Polaroid.

Ha debido ser eso, ese, él, el cabrón aquel, el que se bajó en Aribau... vamos no me jodas, la he perdido o se la ha llevado, y yo sigo aquí tocándome, gesticulando de manera absurda, buscando, palpando, a veces acariciando a la espera de dar con ella, todo lo demás está, recriminándome, echándola de menos, sigue ahí, culpándome a mí de que ya no esté. Qué cabrón. Se la ha llevado, todo lo demás está, qué cabrón, qué cabrón. Diástole, está... qué imbécil he sido, debí darme cuenta... sístole, aquí la tengo, expiración, vale. Inspiración, inspiración, cojonudo, la he perdido, o se la han llevado o yo que sé o las dos cosas.

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lunes, 16 de mayo de 2005


1. Cree en el maestro –Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios Mismo.

2. Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.

3. Resiste cuanto puedas la imitación; pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquiera otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una ciencia.

4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.

6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “desde el río soplaba un viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de las palabras, no te preocupes de observar si son consonantes o asonantes.

7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él, solo, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

8. Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta; aunque no lo sea.

9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

10. No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.

(Horacio Quiroga)

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domingo, 15 de mayo de 2005


Suele pasar que con las prisas, no nos detenemos en lo pequeño: dos de las razones por las que cada vez encontramos menos tiempo para la ternura. A lo mejor porque todos vamos un poco a lo nuestro y queremos salvar el pellejo, no sabemos muy bien de qué o de quién. Puestos a salvar, a veces elegimos los trastos rotos, lo que no nos sirve, lo más estúpido, lo que menos vale y que de repente consideramos que está por encima de lo demás, incluso de los demás. Trastos que deberíamos dejar para el mercado de las pulgas.

Para las definiciones soy malo de solemnidad, me muevo mejor entre sensaciones. Punto. Con la excusa o en mi descargo diré que a veces una definición sólo nos sirve para estrangular algo que difícilmente puede ser explicado , pero la realidad es otra: no me alcanza para definir la ternura. Posiblemente tenga que ver con mirar a lo pequeño, sin prisas , con cristales de colores, sin tomarnos tan en serio , que ya la cosa de la vida bastante nos jode el invento. Por eso lo de las prisas y lo pequeño. Además, ¿quién en su sano juicio querría perder el tiempo en ternura si vivimos subidos en una montaña rusa y a veces en la ruleta?.

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lunes, 9 de mayo de 2005


Se querían y se desquerían. Como casi siempre, el orden de los acontecimientos era el mismo; coincidía que justo después de decirse lo bien que estaban y lo mucho que se gustaban, esa misma tarde se lanzaban todos los objetos volantes de la casa, algunos impactaban en la cara y los más dolorosos en las entrañas, justo por el lado que más dolía. El lado que más dolía se iba ensanchando y se terminaba apoderando del resto de los lados. Se enamoraban y se desenamoraban todo en uno , al mismo tiempo , ciento treinta minutos después de haber hecho el amor o de haber jugado a ser otros o de haber creído que visitarían el mercado de las pulgas. Las batallas que ganaron por debajo o por encima de las sábanas las perdieron fuera de ellas , así que no quedó mucho más por hacer o por decir. La chica desapareció sin dar opción ni explicaciones y la vida le trató bien. El chico se hizo domador de pulgas y con el tiempo tampoco le fue mal.

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domingo, 8 de mayo de 2005


Al borde del desierto en el ribazo, y con la lanza clavada en la arena, mientras yo estaba sobre la muchacha, ella dijo una canción que pasó a mi boca y supe que venía desde la primera boca que había dicho una canción ante el rostro del tiempo para que llegara hasta mí y yo la clavara en otras bocas para que llegara hasta la última que diría una canción ante el rostro del tiempo.

(Luis Britto García)

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sábado, 7 de mayo de 2005


La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al príncipe. Y cuando lo oye acercarse, simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho, pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos.

(Marco Denevi)

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viernes, 6 de mayo de 2005


Lo que tienen las ciudades (todas sin distinción) , sean del tamaño que sean, es que terminan resultando siempre diminutas. Igual da, porque tarde o temprano uno termina encontrándose con aquella novia que tanto quiso (y que no hacía falta ir a visitar en tren, en avión o en autobús de línea) de la que no volvió a saber nada hasta justo ese momento en el que ella cruza la acera de la mano de un chico o empujando el carrito de un niño que tiene sus mismos ojos. Desde luego que hay dos tipos de "ex" , las que viven en tu misma ciudad y las que no. Las primeras son más peligrosas, porque los encuentros fortuitos son poco o nada previsibles, las segundas quedan más lejos en el recuerdo y en la distancia y molestan menos. Yo soy de los que se sonríen por dentro cuando eso ocurre, suele sucederme en el coche y creo ver en el semáforo de la esquina un rostro conocido que marcha de copiloto en una vespa naranja o que espera acompañada un taxi mientras el tipo la besa sin tregua. Digo que me sonrío por dentro, porque en realidad sabemos que siempre llega el día en el que esas cosas dejan de hacernos daño y podemos alegrarnos o sentir indiferencia , porque la vida no nos trató nada mal y porque uno siempre se lleva algo de cada persona y de cada relación.

Una vez tuve una novia que quise mucho y que vivía en mi misma calle, me costó horrores olvidarla (como novia, porque después fuimos –y somos- buenos amigos ) , cada vez que pasaba por delante de su casa me juraba que al día siguiente rodearía la manzana con tal de no ir perdiendo trocitos de corazón por los portales, que luego olisqueaban los perros o pisaban los vecinos. Su dormitorio daba a la calle , a nuestra calle, y por las noches veía su silueta recortada contra la ventana. Al final las siluetas en eso se quedan , uno crece y aprende a desquerer o a querer de otra manera y de verdad se alegra por la silueta o por todas ellas, de tal modo que lo mejor que puede pasar cuando las ciudades , por grandes o pequeñas que sean, nos brindan esos encuentros , es que guardemos en los bolsillos una enorme bolsa de sonrisas congeladas para calentar en el microondas y soltarlas por la ventanilla, plop plop, a que se aireen un poco.

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jueves, 5 de mayo de 2005


Un escritor de éxito que vive del cuento (como le gusta decir a su representante , a su mujer , a su amante y a él mismo) , imparte un taller literario acerca de la acción y la trama en la narrativa breve. Se dirige a un auditorio entregado y joven : “Un cuento formal dispone de principio, trama y final. Tienen que escarbar en busca de un enigma que despierte la curiosidad y resolverlo con una explicación, salir a la caza de un conflicto que produzca incertidumbre y pueda ser zanjado con ímpetu. Puede y debe, valerse de una tensión que llene el pecho de sus lectores de tanta expectación que no pueda ser calmada ni con el mayor de los relajamientos “.

Tras el ejercicio práctico de cada sesión , leen un texto escogido de manera aleatoria : “Hubo una vez un cuento que comenzaba por el título y terminaba con el punto final”. El escritor de éxito que vive del cuento coloca el punto y final a la jornada con el convencimiento pleno de que nadie entendió nada, lo que no resulta del todo cierto ni del todo malo. Toma el vestíbulo y salta a la calle con desgana al tiempo que decide si el resto de la tarde la divide a partes iguales entre su representante, su mujer , su amante y él mismo.

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miércoles, 4 de mayo de 2005


Hace falta poco para tener un buen día. Me basta con ver a la mujer más guapa del mundo sonriendo de esa manera, con tantas ganas de contar cosas y mostrándome cómo es capaz de andar por el pasillo casi sin ayuda. Tenía miedo de ver a Pilar, de encontrarme con aquella otra mujer que dejé hace un mes tan apagada y débil, tan cansada de la vida. Miedo de derramar tantas lágrimas que no tuviera mejillas para albergarlas. Hoy, sin embargo, era dueña de una luz que tantas veces lo ha llenado todo , de unos ojos enormes que aún se asombran cuando ven a alguien querido, de una sonrisa de Rayos X que atraviesa todos los muros de la casa y salta al parque desde el que miramos al río y la catedral. -¿Quieres ver cómo ando?,- me dice y se pone en pie y me ofrece el brazo. Me pide que no la suelte aunque ella sabe que no la dejaría ir por nada de mundo, que me quedaré a su lado siempre, dando pasitos de hormiga por el pasillo y haciendo del viaje hasta la cocina toda una aventura de exploradores. - ¿Ves qué bien voy, hijico?. Quién me iba a decir hace un mes que estaría andando otra vez- . Y poquito a poco vamos en busca de la merienda, como casi siempre, terminará convenciéndome para que le consiga un par de galletas extra (ahora que no está la tía) y que me agradecerá guiñándome un ojo o con una sonrisa infinita. Hoy Pilar está mimosa, muy mimosa, así que se asegura antes de que me vaya , de recibir una buena ración de besos y te quieros.

La luna se está empezando a poner el pijama detrás del puente de Santiago y un taxista recoge a una pareja que bosteza y se abraza . La ciudad se recoge poco a poco, radiante y luminosa. Casi tanto como la sonrisa de Pilar.

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martes, 3 de mayo de 2005


La ciudad queda tras las anchas espaldas cansadas de tanto echarse problemas por encima, problemas y recuerdos, porque los recuerdos sabemos que pesan tanto como los pesares y entre pesares, recuerdos y problemas, las espaldas se quiebran de tanto soportar lo que no debieran. Prender un cigarro no es un acto trivial , según sea el momento se asemeja más a un ejercicio de fe incondicional , a un farito que arroja destellitos de luz en rincones más bien poco iluminados o nada aconsejables en los que cualquiera podría encallar. Qué más se puede decir de un hombre solo, salvo que si además de solo se siente enojado con su destino o con su condición , entonces las noches serán posiblemente más largas que las del resto de tipos que habiten el garito . Aparte de todo el alcohol que uno toma o de todos los cigarritos que prende, queda finalmente (lo quiera o no) el camino de vuelta , transitando callejones poblados de gatos despistados o moribundos, de parejas que discuten en zaguanes y que terminan (como no puede ser de otro modo) practicando el amor a deshoras. Uno puede ser un golfo o un crápula pero si está solo, está perdido. Por eso los amaneceres se llevan lo poco que tienen las noches de cuento , porque los cuentos (dicen) tienen que ser tristes y no se conocen historias más tristes que las de tipos que se diluyen en bourbon o se aplastan como la ceniza contra un cenicero , una acera o un portal.

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domingo, 1 de mayo de 2005


Conozco a Carlota desde los quince o dieciséis. Por aquel entonces yo era un chaval acostumbrado a hablar bien poco, más por despistado que por tímido, así que nunca tuve premio alguno de popularidad. En realidad ella me encontró a mí, o mejor dicho, reparó en mí, en el chico del guardapolvo negro , flaco como un hilo y con el pelo de punta. Me gustó enseguida de ella que sabía escuchar y mirar, cualidades que siempre he admirado en los demás y he procurado afianzar en mí. Además, ella llevaba consigo un gran interrogante de neón azul y una cajita en la que guardaba secretos y miedos que nunca llegó a cerrar del todo.

Mi memoria es terriblemente volátil y hay fragmentos de vida de los que apenas guardo el envoltorio. De Carlota sigo amontonando papelitos de recuerdos que bailan y pegan saltitos , porque ella siempre andaba (y anda) con los pies un palmo por encima del suelo, dando cariño y sonrisas a cambio de nada. Por eso , a mí lo que me fascina es su capacidad para estar en mil cosas y lugares a la vez y además hacerlo bien. Recuerdo las fiestas de fin de curso en el instituto y Carlota (Ota) recorriendo los pasillos con una nariz de payaso o un trajecito de libélula a punto de aterrizar en un bosquecillo encantado, representando papeles de mujer fatal en obras de teatro o dirigiendo e inventando coreografías que sólo podían salir de su cabecita loca. Ota y sus mil detalles: una tarde aparecía con una camiseta pintada a mano por ella, con decenas de moscas (cada una con su propia personalidad, traje o disfraz) de lo más simpáticas y peculiares que había hecho para mí . Años más tarde, cuando empecé a hacer magia, yo quería conseguir un efecto de esferas que flotan en el aire , ella me acompañó a comprar todo el material que me hacía falta y al día siguiente pintó varias pelotitas de muestra que me trajo entusiasmada, pelotitas que por otra parte nunca llegaron a volar.

Con el tiempo nos alejamos, ni que decir tiene que por mi culpa. Ella mandaba cartas con cierta regularidad cuando me fui a vivir a Canarias , cartas que nunca o pocas veces fueron contestadas. Carlota no dejó de escribir ni de llamar cuando sabía que yo estaba de vuelta en la ciudad y siempre, siempre conseguía que me sintiera como si el tiempo no hubiera pasado. Y así podría seguir contando miles de cosas de Ota, de lo bonitos que tiene los hombros, de cómo zapatea cuando Alejandro se arranca por bulerías, de su vestido de cola y su bombín , de su manera de ser y estar, de conseguir lo que quiere y sueña y de ser la mejor de las amigas . Yo pocas veces supe estar a la altura de su generosidad y ella perdonó mi falta de tacto y de criterio una y otra vez. En vez de enfadarse , ella sigue bailando, intentando nuevos saltos y nuevos vuelos, describiendo trayectorias imposibles frente al espejo y proyectando sonrisas de lentejuelas con doble salto mortal. Carlota baila desde que es niña , diría incluso que mientras duerme , así que nadie se sorprenda si en plena madrugada el corazón le salta del pecho brincando a ritmo de claqué o de charlestón.

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