jueves, 31 de marzo de 2005


No hay manera de averiguar dónde aterriza la próxima caricia. Es mi acertijo favorito, el que más me gusta plantear ante un cuerpo desnudo o ligero de equipaje. No es tampoco un secreto, más bien lo contrario, me gusta acariciar y que no conozcas mis intenciones, el terreno por explorar, la estrategia y el despliegue de mis tropas de invasión. Tienes que dejarte hacer e intentar adivinar dónde empieza el primer escalofrío, te doy una pista: de dentro, de muy dentro. El resto se desconoce por completo y justo ahí reside el misterio. De tarde en tarde serán arañitas marrulleras, un ejército de hormigas en busca del prodigioso miligramo (en formación, bien adiestradas, de firmes propósitos), a veces incluso manos enteras que se lanzan como kamikazes a estrellarse contra tu luminosa espalda de luciérnaga , quizás para estallar sobre tus infinitos muslos de femme fatal con el esperado final de no volver a levantar altura. Y quién querría.

Se sabe en parte que los mejores puntos de partida son ciertos repechos deshabitados que andan esperando un primer temblor que apresure el efecto dominó. Las zonas de mayor curvatura, no por ser las más peligrosas -sino las más agradecidas- también se deben incluir en el itinerario. Trayectos de recorrido incierto que arrancan en un enredo cualquiera de pelo (que deberá ser desmadejado adecuadamente), hasta unos tobillos desabrigados o una maraña de pies que se enredan y desenredan a su antojo.

El resto no se puede contar. Todo por mantener la incógnita sin despejar.

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miércoles, 30 de marzo de 2005


Hace tiempo que no hablo de la Mujer más guapa del mundo. Hoy cumple 91 y ahí sigue, encogiéndose poco a poco dentro de su chaqueta azul y su mantita arco iris , vencida , despidiéndose de la vida con humildad , como saliendo por la puerta de atrás y de puntillas. Yo sigo sin tener prisa porque se vaya, por puro egoísmo, porque basta una sola de sus sonrisas para que se ilumine una ciudad entera, una sola de sus manos revoloteando sobre la mía para que mi niño malcriado proteste y patalee . Quédate un ratito más, aún es pronto . Ella no lo sabe, pero la miro de reojo, para darme cuenta y aprender, a hurtadillas, para asombrarme de su manera de mirar la vida tras esas gafotas (las únicas que tuvo) de mujer lista como ella sola que escucha sin decir nada. Después de tanto tiempo, no recuerdo haber oído nunca que se quejara o que levantara la voz, lo mismo que el abuelo, al que muchas veces le hicimos rabiar cuando se quedaba a cuidarnos siendo niños. Cómo nos gustaba que nos cuidara, le preparábamos la merienda (esas meriendas de abuelo con hogaza de pan, jamón , queso y vino) y me quedaba junto a él escuchando el partido y rellenando quinielas con la lógica del mocoso. El yayo, con su camisa remangada hasta el codo y el tatuaje de Pilar en el antebrazo, su porte de galancito y buen mozo que siempre fue.

Se conocieron en un entierro, el de la hija de unos amigos comunes, mal asunto si no fuera porque allí resolvieron pasar la vida entera el uno junto al otro, aunque Pilar se hiciera la difícil durante un tiempo Lorenzo no dejó de cortejarla. Luego llegaría la guerra, el viaje de novios en camioneta y mil historias de tiros , hambre y difuntos que la Mujer más guapa del mundo siempre nos cuenta. Porque ella dice que va perdiendo la memoria y sin embargo los enredos con el abuelo no se le borran jamás, como la sonrisa que se le dibuja cuando las cuenta. Chatica, le decía.

Todos sabemos , porque no deja de repetirlo, que apenas le queda por hacer aquí, que muy mal tenemos que quererla para que le deseemos que cumpla muchos más (eso lo dice como con retintín, medio en broma medio en serio) y que sigue hablando con el yayo en voz bajita. Yo, por si acaso, le cojo fuerte la mano o juego a despeinarla, para cuando nos falte y se marche con el abuelo a recuperar todo este tiempo que llevan apartados e incompletos el uno sin el otro. Para que puedan seguir siendo grandes. Muy grandes.

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martes, 29 de marzo de 2005


Envejeceré bien, con mis achaques y mis cosas, aparentando menos , rodeado de libros y moleskines manchadas de tinta (los pilot no se inventaron para zurdos) , de fotos desordenadas y canciones adheridas a cada recuerdo. Te veo entrando por la puerta, hola amor cómo te fue, y yo cerrando a Cortázar por la página cincuenta y pico, beso y sonrisa, ya sabes me pillas leyendo y qué bien que escribe este cabrón, no es justo pero así debe ser. Te hace gracia porque es lo mismo que digo hace mil años cada vez que abro un libro, porque allí están ellos agazapados , preparados para fingir el reencuentro de dos viejos amigos que se cruzan de vez en cuando, aunque todo esté –en realidad- preparado y ocurre tal cual se planeó. Te sientas al lado, abrazo y sonrisa, me fue bien pero te echaba de menos, me gusta que lo digas aunque te tomo el pelo, qué lees, descorchemos una botella de vino o mejor preparemos chocolate con picatostes, estoy con Rayuela empezando por el final, tú estás con Silvina y con Bioy. Hace una tarde preciosa y la ciudad está enamorada, por eso se atreve con su mejor vestido . Vayamos al cuarto , que hoy ya hemos alimentado el espíritu y no es cuestión de abandonar la carne.

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lunes, 28 de marzo de 2005


Es verano de sirocos y Sirena sueña siempre con una ola terrible que la lleva al peor y más incierto de los finales , una cresta de mar turbia y feroz de dimensiones imposibles que se estrella una y otra vez contra su espalda de papel de seda. Noche tras noche vive el mismo desvelo como si fuera real y se revuelve en su cuerpo joven de sirena que tiembla esperando que una voz le devuelva la calma . Amanece y Sirena nunca tiene miedo al mar , se encuentra con él al final de las dunas y se lanza a volar describiendo un arco que la proyectará hacia la inmersión perfecta. Todo ocurre en un lapso breve de tiempo y el mar que juega una mano arriesgada levanta una muralla de agua casi idéntica a la soñada. Ella acepta la mano y apuesta fuerte resolviendo que no cederá a intimidación alguna, sin corregir la trayectoria calcula mal el punto donde el remonte rompe y estalla desprendiendo la carne de los huesos. Sirena queda varada y nunca más vuelve a tener el sueño.

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domingo, 27 de marzo de 2005


Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.
Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.

¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revolver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.

Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.

Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su lisitud como el agua después que le pescan el pez.

Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.

Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.

(Enrique Anderson Imbert)

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sábado, 26 de marzo de 2005


Pertenecemos a una triste especie de insectos, dominada por el apogeo de las hembras vigorosas, sanguinarias y terriblemente escasas. Por cada una de ellas hay veinte machos débiles y dolientes.

Vivimos en fuga constante. Las hembras van tras nosotros, y nosotros, por razones de seguridad, abandonamos todo alimento a sus mandíbulas insaciables. Pero la estación amorosa cambia el orden de las cosas. Ellas despiden irresistible aroma. Y las seguimos enervados hacia una muerte segura. Detrás de cada hembra perfumada hay una hilera de machos suplicantes.

El espectáculo se inicia cuando la hembra percibe un número suficiente de candidatos. Uno a uno saltamos sobre ella. Con rápido movimiento esquiva el ataque y despedaza al galán. Cuando está ocupada en devorarlo, se arroja un nuevo aspirante. Y así hasta el final. La unión se consuma con el último superviviente, cuando la hembra, fatigada y relativamente harta , apenas tiene fuerzas para decapitar al macho que la cabalga, obsesionado en su goce.

Queda adormecida largo tiempo triunfadora en su campo de eróticos despojos. Después cuelga del árbol inmediato un grueso cartucho de huevos. De allí nacerá otra vez la muchedumbre de las víctimas, con su infalible dotación de verdugos.

(Juan José Arreola)

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jueves, 24 de marzo de 2005


Las veletas se volvieron locas y ella cambió de rumbo, de aire y de amores, de puntos de vista, de ciudad, de manera de ser y de ver las cosas, de prioridades, de deseos , de marca de maquillaje , de compañía y de acompañantes, de forma de susurrar, de amante, de amigos mejores, de idea, de sueños, de parecer , de opción, de casa , de cama, de recuerdos, de proyectos, de estados de ánimo, de ventura, de destino, de largura de falda, de gustos, de actitud, de chico, de grito de guerra, de lema, de motivos, de perfume, de piel, de formas de ver la vida y de temblar , de pareja y de entusiasmo. Finalmente las veletas enloquecieron y ella cambió.

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martes, 22 de marzo de 2005


El tipo concluye que resulta tan fácil dejar de creer en alguien que apenas basta con que se desdiga o se olvide, con que rompa las promesas que juró que eran ciertas, con que deje de volar junto a él o pierda la coherencia que tanto defendía y esperaba mantener. Ahora te quiere, ahora no, ahora se muere por vos, ahora no te necesita más y la misma cantinela una y otra vez. Se siente estúpido y resuelve que hay personas que quieren creer que son lo que no son, que tienen miedo a las plazas vacantes y a estar solas, arrinconando lo que realmente importa. Personajes que no saben distinguir entre lo volátil y lo que permanece, que cada mañana se ponen el disfraz de interesantes y que buscan el premio urgente. Gente que se maneja al revés de lo que dice.

Mira dentro de sí y la busca con el pensamiento, si ahora volviera a las andadas, sería difícil olvidar cada agravio y si –además- volviera a reírse de él , nadie esperaría entendimientos ni treguas. Entre tanto ella -que sigue ajena- se deja llevar porque es lo fácil y lo que mejor resulta.

Resulta tan fácil dejar de creer en alguien que apenas basta con que una mano rompa en mil pedazos los apegos y las ilusiones que por otra parte ahora se descubre que son meros efectos ópticos.

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lunes, 21 de marzo de 2005


Princesa malcriada y tarambana reconvertida a ranita se ofrece para envenenar manzanas. Experiencia en corazones harapientos y príncipes bobos que no escarmientan. Desencanto garantizado. En la actualidad: protagonista de videojuego, algo cansada de cruzar ríos saturados de troncos y de esquivar autos locos, busca otras emociones.

Razón : Charca del Olvido (País de las Promesas Rotas).

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domingo, 20 de marzo de 2005


Que alguien venga y me arrebate esta desgana que se cuela por el filo de la puerta. Lo que sigue se conoce: una visita tras otra a la nevera, una conversación intrascendente con el perro o mirarse en el espejo intentando descubrir algo que indique qué está ocurriendo. El caso es que amontonando calcetines en los cajones ha saltado un poquito de flojera al cuello y se ha quedado adherida como una calcomanía de antihéroe derrotado que piensa que la cosa no va con él. Los días de desgana, lo que tienen es que pasan dejando una estela de miguitas de pan duro que te permita encontrar de nuevo el camino a la casita del bosque.

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jueves, 17 de marzo de 2005


De todas las formas (legales) conocidas de hacer desaparecer a alguien, mi favorita sigue siendo recurrir a terceros. El procedimiento no difiere mucho de otros más convencionales pero resulta –sin duda- el más aséptico de todos y el que menos sospechas levanta. Una vez ganada la confianza de nuestra víctima, la invitaremos a un espectáculo de ilusionismo donde el reclamo principal sea la desaparición de uno o varios espectadores de entre el público. El efecto suele ir acompañado de la promesa de reaparición en una isla tropical situada en algún archipiélago virgen y poco frecuentado. A lo largo de la noche hay que procurar que el entusiasmo se propague como una hilera de hormigas que remonta desde la panza hasta la nuca de quien debe desvanecerse. Al ritmo de música ligera y con la ayuda de doce enormes balones de colores , estos serán lanzados al público. Cada persona que reciba el balón deberá lanzarlo de inmediato en dirección cualquiera y cada receptor a su vez, actuará del mismo modo propagando los balones en movimiento aleatorio hasta que se detenga la música, que justo dejará de sonar cuando nuestro invitado tenga bien cogido por todo su perímetro cierta forma esférica y azul. Una vez que acceda al escenario junto con los otros once, se dirige a una plataforma como de atracción de feria, se les dotará de una linterna que deberán prender en el acto y serán cubiertos por un gran telón blanco mientras las linternas dibujan las sombras de los que las manejan. Un fogonazo de luz y la tela que cae etérea dejando el vacío de doce . Es el momento de aplaudir hasta que duelan las manos. Finalmente , cuando el espectáculo concluya no se quede a esperar, puesto que su acompañante no aparecerá ni en ese momento ni en otro, tampoco el Lunes en la oficina. Quizás el lector prefiera valorar otras opciones menos aparatosas, como borrar el número de la agenda telefónica o no volver a llamar a quien no se desea ver de nuevo.

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miércoles, 16 de marzo de 2005


Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo oscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si ésa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca: como en un espejo, uno de los dos era falaz. «¿Quién sueña con quién?», exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.

(Enrique Anderson Imbert)

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martes, 15 de marzo de 2005


Lo que ellos no saben cuando se dirigen al teatro es que los artistas esperan con el ánimo encogido mientras maquillan sus miedos frente al espejo del camerino, hambrientos de corazones entusiasmados y de risas que puedan con todo. Asoman la cabeza al escenario a medio iluminar o toman asiento en el patio de butacas, se sobrecogen, porque nada estremece más que un gran teatro vacío, en silencio,y respiran el aire por llenar. Nadie quiere el silencio, por eso vuelven al escenario, cruzan el proscenio y repasan con cuidado cada gesto, cada movimiento y cada prodigio. Ellos siguen avanzando hacia el teatro, ajenos a los artistas , hablan del partido o de la lluvia y no se detienen. Al mismo tiempo, nadie prueba bocado en el backstage, los estómagos se vuelven diminutos y hacen enredadera , pronto se abrirán las puertas y ellos lo ocuparán todo, así que habrá que andar ligeros , ya no queda tiempo para nada, si acaso para cerrar el telón y proyectar una enorme paloma blanca contra la cortina roja. Un malabarista voltea quince raquetas entre bambalinas, el mimo dibuja un corazón de tiza en una pizarrita gastada y los manipuladores florean los dedos y las manos como si fueran mariposas recién echadas a volar. El mago vacía su chistera mientras prende el último cigarro y besa a la bailarina. El maestro de ceremonias agita los brazos y se alza el telón. Lo que ellos no saben cuando entregan el primer aplauso, es que sin ellos; el malabarista, el mimo, el manipulador , el mago y la bailarina , serían la mitad de la mitad de lo que son cuando cruzan el espejo y que bastaría apenas un soplido para hacerlos desaparecer. Para siempre.

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lunes, 14 de marzo de 2005


Una suerte de Brian Ferry francés en la televisión, antibiótico en sobre , caramelos para chupar , la cama de la habitación que se me antoja enorme (aunque no estamos como para batallas) y treinta y nueve grados de fiebre que uno a uno juegan a ver quién saca de quicio al mercurio, ¿qué habrá sido del bueno de Brian ?, un baño de agua fría que sirve de bien poco, toallas limpias y perfume, flota la melodía de “Avalon” y el recuerdo de esos trajes de perfecto dandy inglés de Mister Ferry, no tengo hambre , creo que he chupado demasiados caramelos porque no me noto la lengua. Nota mental: matar a mi doctora.

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domingo, 13 de marzo de 2005


Siempre me gustaron las habitaciones de hotel, ya desde los días de conciertos y giras, los de escapadas para querernos a deshoras o los de viajar solo y echar de menos una sonrisa que se dibujara con las primeras luces. Lo demás es ir descubriendo pequeños detalles, los dibujos del bordado de la mantelería, el color escogido para las habitaciones o los cuadros que las visten, los caramelos de frutas en el vestíbulo; los jaboncitos de mano y la revista sobre la mesilla de noche, el perrito de diseño en el patio de recepción y la manera de despertarte a la hora convenida; las baldosas del cuarto de baño y la fruta y el fiambre del desayuno, los capuccinos y la salita de lectura. La falda por encima de la rodilla de la chica que rehace la habitación, tanto que dan ganas de colgar el cartelito de no molestar con ella dentro. Siempre me gustaron a la hora de la siesta, para tomar nota de unas cuantas ideas que me rondan la cabeza o para asaltar la página ciento diez de un libro cualquiera. Total, para terminar pensando siempre lo mismo: que seguro que a ti te encantarían las vistas desde el balconcito y que ojalá estuvieras aquí conmigo para deshacer las sábanas, desayunar a deshoras y hacer que el tiempo se detenga mientras nos quitamos la ropa.

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sábado, 12 de marzo de 2005


Me imagino que de ser (cuando sea) será de a poco , sin quererlo ver, o queriéndolo pero mirando hacia otro lado. Primero será el cepillo de dientes y entonces tú harás como que te importa y te revolverás a ratos, pero como muchas otras veces , en el fondo te encantará. Una vez tomado el primer rincón del cuarto de baño, quizás una buena manera de continuar sea llenando la nevera de ese vino que tanto nos gusta. Vino y fresas, muchas fresas. Con la excusa de que las noches aún salen frías , a lo mejor no está de más dejar un jersey y un par de camisetas, tres como mucho , aunque ya puestos, unos cuantos juegos de calcetines y algo de ropa interior (aunque duerma desnudo) sea lo apropiado. Ya vamos armando el reducto. Creo que enseguida me harás algo de hueco en uno de los cajones . Total , con la de tiempo que pasamos aquí, estaba pensando en empadronar mi guitarra en tu cuarto y mi colección de libros de cuentos en el saloncito naranja. No hay prisa, ni falta que le hace. Deja que sea como hasta ahora y que todo suceda de a poco.

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viernes, 11 de marzo de 2005


Esta maldita fiebre que no me suelta ni siquiera por lástima y que me acompaña desde Zaragoza hasta Niza. Duele todo el cuerpo (hasta el pelo) y un poquito el alma de no poder estar enterito para darlo todo con los chicos. Tenemos por delante dos galas internacionales , más de mil kilómetros , doce horas de viaje y esta maldita fiebre que no se toma un respiro.

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jueves, 10 de marzo de 2005


El error está en decidirse. No le diga usted ni sí ni no. Empuñe resueltamente los dos extremos del dilema como las varas de una carretilla y empuje sin más con ella hacia el abismo. Cuidando, claro, de no irse otra vez como la soga tras el caldero.

No la oiga gritar. Recobre inmediatamente el equilibrio entre temor y temblor. Recuerde que la cuerda es floja y que usted irá por la vida ya para siempre en monociclo.

La rueda de este vehículo intelectual puede ser una pieza de queso parmesano o la imagen de la luna sobre el agua, según temperamento.

(Juan José Arreola)

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miércoles, 9 de marzo de 2005


Juan, compadre , me has metido en un embrollo. Siempre he rehusado las cadenas, mi opción preconfigurada por defecto es rechazarlas, así que seguramente nunca seré feliz, puede que me vuelva estéril o desapegado y las posibilidades de que algo bueno me pase en los próximos mil años se hayan dilapidado en el mismo instante en el que borré mi primer mail encadenado. Sin embargo , este lo acepto porque viene de vos y porque (creo) que no me queda más remedio, pero mira que ahora no entremos en más y más lances de este tipo, vos ya sabes ; que si ahora los diez mejores libros , alguno del que nos avergoncemos (se me ocurren unos cuantos) y el que estás leyendo ahora. Lo mismo para las diez mejores veces que hicimos el amor , si nos ruborizamos con alguna (la respuesta siempre será no) o la última vez que tuvimos sexo justo antes de escribir este post.

Si entendí bien, el asunto viene de muchos sitios a la vez y trata de música, así que es un motivo esencial para compartirlo contigo y con los demás. De entrada te aviso que hoy alteraré la cadena al menos en parte, también te digo que lo pensé mucho y tengo (como todo el mundo) tantos discos en mi vida que seguro me dejo y olvido unos cua
ntos. Las listas no me gustan porque siempre excluyen a algo o a alguien pero como te dije, acepto el jueguito y disparo:

Diez discos de mi colección: no hay orden ni criterio , se quedaron fuera muchos que debieran estar…

1 Supertramp – The crime of the Century
2 Quique González – Pájaros mojados
3 Seal – Human Being
4 Jorge Drexler - Llueve
5 Pedro Guerra - Golosinas
6 Fito Páez - Euforia
7 Noa - Now
8 Donald Fagen - Kamakiriad
9 Norah Jones – Come away with me
10 Gigolo Aunts – Minor chords and major themes.

Ultimo CD que compré :Anouk - Hotel New York (en Schiphol). Por cierto, tienes que pasarme nombres de grupos holandeses. Me traje uno de Bloof. Me gustan mucho.

Discos que me dio vergüenza encontrar:Me temo que ninguno, no encontré nada digno del olvido en mi flashback…

Ultimas canciones que escuché antes de escribir este post:Jorge Drexler – Al otro lado del río.
Elvis Costello – She
Must get out - Maroon 5
Kiss from a Rose - Seal

Canciones que escucho seguido y tienen significado para mi:1 You´ve got a friend, Carol King
2 Completo Incompleto, Jarabe de Palo
3 Eye in the sky, Alan Parsons o Noa
4 Everything is wrong , Gigolo Aunts
5 Antes, Jorge Drexler
6 Usted, Diego Torres
7 I´m so happy I can´t stop crying, Sting
8 Aunque tú no lo sepas, Quique González
9 Dar es dar , Fito Páez

A quién se lo paso y por qué:
Aquí es donde se lía la cosa, he intentado enredar la cadena y buscar gente con un criterio más bien arbitrario. Los desafortunados (que aún no saben que lo son, pero todo se andará) han sido elegidos prácticamente por azar ; confeccioné una lista de gente de todo el mundo con gustos similares a los míos y finalmente los descarté. Me encanta trabajar para nada!.

Mi única invitación cruza el charco y vuela en tiro parabólico directa al amigo Doc. Tuve su visita hace unos días en Puzzle y ha sido muy amable linkándome en su estupenda bitácora. No suelo ser amigo de indexar otros blogs , así que este es mi pequeño reconocimiento (no sin cierto veneno) para Doc.

No se me ocurre otra forma de ser coherente con mis principios y violarlos al mismo tiempo.

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martes, 8 de marzo de 2005


Conozco a un tipo que si lo frecuentas los jueves por la noche te cuenta historias como para llenar una constelación entera de gestas y curiosos incidentes. Con cierta tendencia conocida a engordar los hechos, sus relatos siempre rozan lo hilarante sin dejar –nunca- de ser verdaderos. Tengo mis favoritos , ya no sólo por insólitos sino por su inequívoca puesta en escena. Como aquel episodio en el que tomó un taxi en la puerta del Teatro Principal (cuando el Coso aún era una calle empedrada e incómoda de transitar en coche) y se pilló la oreja con la puerta. Hagan la prueba, técnicamente resulta complicado detener un vehículo, subirse a él, sentarse y en el mismo movimiento (todo a una) cerrar la puerta y pescarse el cartílago dando gritos a razón de uno por cada adoquín de piedra que pisa el coche. Es imposible no escuchar tanto despropósito junto sin quedarse embobado y medio muerto de risa. El remate final viene siempre dado de la misma forma; porque de tanto contar la historia de la oreja deshonrada y en el fragor del relato, nuestro protagonista que da buena cuenta de unas cervezas , en el trago último de la segunda pinta la derrama entera por su cara lloviéndole por entero el contenido y el continente. Observadores presentes en el lance que preguntan , quizás más por curiosidad que por cortesía, qué es lo que ocurre y el tipo de las historias jocosas (todavía derramando cerveza por los carrillos) que replica: “ ¡Joder, olvidé abrir la boca!”. Y es que hay olvidos que resultan imperdonables y trágicos. Únicos y deliciosos.

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domingo, 6 de marzo de 2005


Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo. Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforecente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con o que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

(Julio Cortázar)

Publicado por Puzzle a las 17:16
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3 desvaríos  

miércoles, 2 de marzo de 2005


Un cuerpo claro se desplaza limpiamente en el cielo. Usted enciende sus motores y despega vertical. Ya en plena aceleración, corrige su trayectoria y se acopla con ella en el perigeo. Hizo un cálculo perfecto. Se trata de un cuerpo de mujer que sigue como casi todas una órbita elíptica. En el momento preciso en que los dos van a llegar a su apogeo, suena el despertador con retraso. ¿Qué hacer? ¿Desayunar a toda velocidad y olvidarla para siempre en la oficina? ¿O quedarse en la cama con riesgo de perder el empleo para intentar un segundo lanzamiento y cumplir su misión en el espacio?

Conteste con toda sinceridad. Si acierta le enviamos a vuelta de correo y sin costo alguno, la reproducción del cuadro que Marc Chagall ha pintado especialmente a todo color para los lectores interesados en el tema.

(Juan José Arreola)

Publicado por Puzzle a las 12:41
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4 desvaríos  

martes, 1 de marzo de 2005


De hoy no pasa que se lo digo. Que le digo que la quiero pero que no puede ser, porque en realidad no sé si es amor o deseo. En cualquier caso, quizás hoy me arrepienta de decirle nada, no sea que la consiga y entonces la deje de desear.

Publicado por Puzzle a las 8:56
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